La mayoría de los conductores confunden la ayuda a la frenada con el control de estabilidad

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¿Conocemos los conductores los sistemas de seguridad pasiva que llevan nuestros vehículos? ¿Sabemos identificarlos separado y explicar para qué sirven y cómo funcionan? Según un estudio del Instituto de Seguridad Vial de la Fundación Mapfre, no. Además, confundos las posibilidades que puede ofrecernos cada sistema, concretamente las de dos de ellos: el ABS (ayuda a la frenada de emergencia) y el ESP (control electrónico de estabilidad).  

El ABS es un dispositivo capaz de detectar una frenada brusca o de emergencia y evitar que las ruedas del vehículo se bloqueen, conservando de esta forma la adherencia al asfalto y evitando así situaciones de peligro, sobre todo en paventos que, de sí, pueden ser deslizantes.

En vehículos de gama alta, puede complementarse con el llamado BAS, un sistema ideado para mejorar el funcionamiento del ABS: si el conductor no está frenando a fondo (condición indispensable para el buen funcionamiento del dispositivo), el BAS interpreta que se trata de una frenada de emergencia y frena con la máxa potencia, aunque el conductor no lo esté haciendo. De esta forma, reduce la distancia de frenada.

Por su parte, el ESP consta de sensores en el volante, en cada rueda, en el morro del vehículo (para medir el moviento lateral respecto de un eje vertical) y uno lateral de aceleración. Los sensores ofrecen a la unidad central información acerca del desplazamiento del vehículo, de forma que si detecta que se va a producir subviraje (derrapaje delantero) o sobreviraje (derrapaje trasero) y activa los frenos en una o más ruedas para corregir la trayectoria.

Ambos sistemas deben servir de ayuda al conductor, siempre y cuando éste conozca su funcionamiento, algo que no ocurre en un muy alto centaje, según el estudio ‘Conociento del sistema antibloqueo de frenos ABS' de Mapfre, que desvela que uno de cada cuatro encuestados no sabría cómo evitar un accidente ante una frenada de emergencia, mientras que más de la mitad (un 55%) no ha recibido información alguna sobre este dispositivo cuando compró su coche.

Pero además, alrededor del 29% de los preguntados confundían la utilidad de ABS y ESP, al contestar que el prero sirve para controlar la estabilidad del vehículo, mientras que casi un 38% afirmaban que el sistema actúa manteniendo la trayectoria del coche. Finalmente, más de la mitad de las respuestas afirmaban que el ABS entra en funcionamiento en caso de derrape, confundiendo de nuevo su función con la del control de estabilidad.

Por otro lado, la encuesta ha demostrado la acertada combinación que resulta del ABS y el BAS, cuando van juntos, ya que aproxadamente el 25% de los conductores preguntados no sabe hacer un uso correcto del sistema antibloqueo de ruedas (para que entre en funcionamiento se debe pisar el freno a fondo junto con el pedal del embrague) y prefiere frenar de forma intermitente, utilizar el freno motor o frenar con suavidad, lo que, además de pedir que el dispositivo funcione correctamente, elina sus ventajas, ya que alarga innecesariamente la distancia de detención.

Sin embargo, para algo ha servido la encuesta de la Fundación, acompañada con un curso de conducción para frenar ante situaciones de riesgo: más del 99% de conductores han afirmado que, en su próxa compra, elegirán un vehículo con asistencia a la frenada de emergencia. ¿Sabrán, de verdad, utilizarlo?

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