Como un suflé mal cocido, la bolsa se desploma. El pánico, aquí está el pánico, la peor de las situaciones, que todo es inútil cuando el enfermo sufre un fallo multiorgánico. Cuando el que se hunde entra en pánico violento no se aconseja ayudarle que te puedes ir al fondo con su abrazo. Un consejo: calma. Cierren el ordenador, dejen a un lado los periódicos, y abran un libro de poemas de Eliot: ‘Somos los hombres huecos…' Y a descansar. La vida merece la pena hasta bajo el Puente de los Franceses.
ALFREDO URDACI, PERIODISTA