La Catalunya política ha vivido este fin de semana la multitudinaria convención del Partido Popular, en medio de una situación de emergencia de Galicia, donde no solo llovió lo habitual, sino que además cayó lo de todo el año el mismo día y a la misma hora, especialmente en Pontevedra y Ourense. Hago esta salvedad, la presencia del Presidente Feijoo en la últa jornada, mientras que sus colegas Aguirre y Camps atendían a sus respectivas agendas en sus respectivas comunidades. Hubo comida de familia en el Juan Carlos I, en la que no faltaron los puros y la tarta de Santiago con tertulia distendida incluida, en la que todos pudieron hablar con todos, mientras Rajoy hacia de elegante anfitrión. Un detalle a tener en cuenta, a la hora de valorar tensiones internas, que “haberlas, hailas”, pero que en el conclave de Barcelona apenas se notaron. La maldad política la puso enca de la mesa un Mariano Rajoy crecido, quien se atrevió a decir en los diarios que las elecciones catalanas podrían ofrecer un escenario en el que pactaran PSC y PP como ya habían hecho ambos partidos en Euskadi. ¡La que se ha armado! Convergencia y Esquerra se han tirado al ruedo directos a la yugular de los “sociatas”, que se han mirado las palabras del líder gallego con sorprendente tranquilidad, sobre todo, teniendo en cuenta, que no hace tanto tiempo, los seguidores de Montilla manifestaban la existencia de un pacto secreto entre convergentes y populares de cara a la gobernabilidad del estado pero también de Catalunya. Y todo eso mientras el tema del Estatut y el Constitucional está en boca de la gente que ya está harta de la ineficiencia del Alto Tribunal, que está mareando la perdiz demasiado para desesperación de quienes les eligieron. Pero ese es otro tema y para otro artículo.
EL PACTO SECRETO
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