Ángel Escribano, presidente de Indra, está que trina después de que El Confidencial de Nacho Cardero contase, que Santa Bárbara acusa a la empresa de haber llevado a cabo espionaje industrial. Y desde su entorno -y fuera de él- creen que la mano de Iván Redondo no anda muy lejos.
Cierto o no, el papel de Redondo en la lucha entre Santa Bárbara (su cliente, vía General Dynamics) e Indra, lleva meses estando presente en los medios y en determinados lugares de influencia. Hasta ahora, el consultor -reconvertido en lobista de intereses de la empresa armamentística- ha jugado a los equívocos, algo muy propio de él.
La cuestión va más lejos y apunta a la forma de enfocar determinadas cuestiones, en lo que se denomina una ‘comunicación de cloacas’. El problema es que el recurso a la misma entraña riesgos, sobre todo, para quienes han estado tan cerca de un núcleo de poder, que se encuentra asediado por los escándalos de corrupción y que está altamente judicializado.
Precisamente, ese es el caso de Redondo, cuya cercanía a Sánchez como jefe de gabinete, en los mejores momentos, en que el Ministerio de Fomento era un patio de Monipodio, a cargo de José Luis Ábalos y Koldo García, es una de las espadas de Damocles que se ciernen sobre el donostiarra.
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Comentario ultrasónico: Ante tamaña locura, no me queda otra que llamar al peluquero de la Pantoja para que me haga una permanente a lo Anasagasti…
