Enero ha sido criminal para Mediaset. Mientras tanto, los que cobran sueldos de alta dirección andan más preocupados por los terceros, que por lo suyo propio. Así les va, después de la oleada de titulares cosechada en los medios, que oscilan entre la irrelevancia y la situación crítica. Quién lo iba a decir y qué sonrisas se estará gastando Paolo desde su dorado retiro.
El ‘Titanic’ de Mediaset se hunde. Es un hecho y, sobre todo, una percepción. Porque ya se sabe que no importa lo que sea, sino lo que parezca, aunque en este caso, además de parecer, sea. ¡Vaya galimatías! Al frente de la empresa, Alesandro Salem y, por debajo, Alberto Carullo, los dos en el bar de primera clase pidiendo un Campari. ¡Qué importa que haya vías de agua, si todavía no llegan hasta la moqueta! ¡Con lo bonito que es volver a lo de siempre, los mismos contenidos rancios, pero mucho peores todavía! ¡Menuda renovación!
Luego está la ‘dircom’, Inoperancia Fernández, más conocida como Sandra, que llegó para una cosa en un momento concreto y se ha encontrado con otra y sin saber por dónde sopla el viento. Con su comunicación de Gila, que comunica -de no dar señal-, ha descubierto que fuera de ciertos paraguas, la lluvia cala, y que el oficio es algo más que acompañar a la jefa a comprar ropa. Persona de escasa fiabilidad, como saben bien quiénes trabajaron con ella dentro y fuera del sector, su tendencia por su propio interés supera con mucho sus dotes profesionales. A la vista está y no hay discusión. Mientras, entona su canto desafinado.
Quedan entre medias algunos ‘genios’ que han ligado su carrera al barco, como Ana Rosa y su Unicorn, nueva -jeje- productora de referencia de Mediaset, como antaño lo fue La Fábrica de la Tele que, según parece, ya le empieza a pesar en las alas a José Pablo López, a través de sus herederos. Luego están otros, los emboscados, como los llaman, los que siempre están ahí y siempre hacen caja, el clan de los mandarinos.
¿Qué decir de los informativos de Paco Moreno, al que le vendieron una burra que no carbura? Los mismos en los que al bueno de Carlos Franganillo, al que ya se le conoce como Fracasillo y en los que ahora hablan de remodelación, mientras Juan Pedro, listo y en la desenfilada, espera su momento, que sabe que no es ahora porque tendría que sembrar en un erial. Y mientras, los fogoneros tiran de agenda para salir de la bodega porque el agua ya no moja los pinreles, sino que llega por la cinturilla.
Seguiremos Informando…
