Pablo Iglesias va a dar un paso notable en el desarrollo de Canal Red, su televisión, gracias a Movistar+ considerada un predio del Ejecutivo sanchista. Pero esa decisión, que se conoció ayer, no es más que otro paso en la estrategia de hacer evolucionar sus negocios mediáticos, bajo la sombra del Gobierno de Pedro Sánchez.
Desde que lanzara Canal Red en 2023, y anteriormente el podcast ‘La Base’, Iglesias ha abandonado el cobijo de su primer benefactor en los medios ‘mainstream’, Jaume Roures (caído en desgracia en Mediapro), por el de su propio negocio, que se apoya en dos patas: la internacional y la nacional.
Por un lado, Canal Red ha conseguido instaurarse en Hispanoamérica gracias a gobiernos como el de Colombia o México, vinculados a la extrema izquierda, con los que ha firmado diversos contratos, que avergonzaría a los más incrédulos.
Pero la verdadera proyección buscada por Iglesias está en España. Mientras el exvicepresidente del Gobierno sigue manteniendo su sombra sobre Podemos -lo señaló recientemente la exsecretaria general de la formación, Lilith Verstrynge-, él, a su vez, se cobija en la que proyecta la Moncloa sanchista en diversos ámbitos. Pero, sobre todo, en RTVE, donde ha conseguido una proyección que excede con mucho la representación de Podemos a nivel parlamentario.
El exlíder -público- de Podemos ha conseguido estar presente tanto en las principales tertulias del ‘info-entretenimiento’ de TVE como en RNE, conduciéndose como si la Corporación fuera suya. Algo que reconocen hasta en el Ejecutivo, donde, sin embargo, creen que así pueden tenerlo más ‘atado’. Lo cierto es que a donde no llega Iglesias, lo hacen sus trabajadores, que también ocupan parcelas en otros espacios del Ente público.
Mientras tanto, José Pablo López ‘traga sables’ con ello porque, además, se beneficia del lado ‘hooligan’ de Podemos y sus terminales. Y es que es evidente que, a pesar de la compartimentación de cara al público, Canal Red es el medio ‘oficioso’ de Podemos y viceversa. Un viejo sueño del caudillo morado, hoy cumplido gracias al sanchismo, al que, en el fondo, no ha dejado de servir como muleta pese a los derrapes dialécticos.
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