Mientras el jefe supremo de MFE-MediaForEurope se ha coronado presidente y consejero delegado del grupo, Mediaset España tiene un serio problema con la crisis estructural que arrastra y carcome su desempeño a todos los niveles.
Pier Silvio Berlusconi es, desde ayer, presidente y consejero delegado de MFE-Media for Europe, el grupo audiovisual con sede en Países Bajos y que opera en Italia y España, principalmente. La designación del hijo del fundador, Silvio Berlusconi, es un paso más en la estrategia de MFE para afrontar el futuro. Que, en el caso español, no acaba de ser muy boyante.
La situación en Mediaset España, tal y como analizamos recientemente, no parece la más propicia para embarcarse en aventuras, como la concesión de la nueva licencia de televisión en abierto. Y es que en el interior de la filial española que preside Alessandro Salem, las cosas están muy complicadas.
La gestión de los contenidos que ha heredado Alberto Carullo de Manuel Villanueva es un problema grave. En realidad, la antigua Mediaset de la que la ‘nueva’ Mediaset quería desvincularse, está usando prácticamente la misma programación a base de magacines y ‘realities’. Se trata del mismo menú de Villanueva, ahora preparado por Carullo. Han cambiado algunas caras, pero poco más. Y hay quienes, a pesar de síntomas de agotamiento evidentes, señalan que no hay capacidad para dar un giro de 360 grados.
Puede decirse con propiedad que Carullo está plantando las mismas legumbres en el mismo erial que, ya en su tramo final, dejó Villanueva, por entonces más preocupado por la viticultura que por la programación del grupo.
Sí ha cambiado la percepción de que los Informativos deben ser un pilar de la programación. La labor, encomendada a Francisco Moreno en calidad de director de informativos, no está saliendo como se esperaba. Moreno ha tenido que luchar, como le atribuyen a Felipe II con la Gran Armada, contra los elementos y las dinámicas de más de dos décadas. Ni su fichaje ni el de Carlos Franganillo han permitido revitalizar el área, apartada durante años como el patito feo por Paolo Vasile. De ciertas dinámicas, resulta difícil salir.
Quedan otras cuestiones, no menores, como el desarrollo de la OTT del grupo -que no ha conseguido el mismo nivel que el de sus principales competidores- o la ausencia de una política de diversificación en tiempos de oleaje publicitario.
Caso aparte es el de la estrategia de comunicación, donde la designación de Sandra Fernández como ‘dircom’ sólo ha resultado en el fichaje de alguna ‘amiga y conocida’, una gestión discutida con ideas disparatadas y un malestar evidente hacia su trabajo. Si la mayor preocupación de Fernández es que ahora la denominen ‘Inoperancia Fernández’, Salem y Berlusconi junior tienen un problema mayor que el de Vasile con Mirta Drago.
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