Solo una minoría de los ciudadanos españoles confía en que la próxima generación vivirá mejor, lo cual refleja un clima de pesimismo que condiciona el debate público y la capacidad de articular consensos. Esta es una de las principales conclusiones del estudio Edelman Trust Barometer 2026 en España, que dibuja para España un escenario de confianza marcado por el repliegue y la fragmentación social, con la insularidad como concepto central.
El estudio alerta de que tres de cada cuatro españoles se muestran reticentes a confiar en quienes no comparten sus valores, fuentes de información u orientación política, lo que consolida un ecosistema de burbujas informativas y comunidades cada vez más cerradas sobre sí mismas. La caída en la exposición a medios con ideologías distintas y la creciente brecha de confianza entre rentas altas y bajas refuerzan esa insularidad y tensionan el papel de las instituciones. En este contexto, el informe sitúa a la empresa —y, en particular, al empleador— como actor clave para reconstruir puentes, generar diálogo y actuar como mediador de confianza en un entorno democrático crecientemente polarizado.
Los datos se han presentado en un acto en el Espacio All in One de CaixaBank por Lucía Carballeda, Co-General Manager de Edelman Spain y con la intervención Mª Luisa Martínez Gistau, Presidenta de Corporate Excellence y Directora de Comunicación y Relaciones Institucionales de CaixaBank. Además, el acto ha contado con una mesa redonda moderada por Pelayo Alonso, Co-General Manager de Edelman Spain y en la que han participado Jordi Sevilla, exministro de Administraciones Públicas; Ángeles Blanco, periodista; Saviano Abreu, director de Comunicación y Marca de UNICEF España y Eva Pavo, directora Corporativa de Comunicación y Marca en OHLA.
“La polarización, unida al descontento y la falta de optimismo hacia el futuro donde, solo el 13% de los españoles cree que la próxima generación vivirá mejor, da paso a una mentalidad que se repliega sobre lo ideológico. La insularidad se ha convertido en uno de los principales riesgos para la confianza cívica ya que cuando dejamos de confiar en la buena intención de quienes piensan distinto, se debilita el espacio común y se pone en peligro el progreso”, explica Lucía Carballeda.
Confianza según fuentes y puntos de vita
Según el estudio, el 75 % de los españoles afirma, de media, sentirse reticente o directamente no estar dispuesto a confiar en personas que tienen valores, puntos de vista, fuentes de información o formas de abordar/resolver los problemas sociales diferentes a las propias. El dato refleja una tendencia de repliegue hacia entornos ideológicos, informativos y culturales afines, que limita la disposición al diálogo y dificulta la construcción de consensos.
En las zonas insulares, la mentalidad atraviesa de forma transversal a la sociedad española. Afecta a hombres y mujeres, a distintas franjas de edad y a ciudadanos con diferentes orientaciones ideológicas, lo que refuerza la idea de que la insularidad no es una expresión marginal, sino una dinámica social cada vez más extendida. Además, una amplia mayoría de la ciudadanía considera que esta situación debe abordarse: 7 de cada 10 españoles cree que el problema radica en que la gente desconfía tanto de quienes son diferentes que llega a intentar activamente empeorar la situación de los demás.
En este contexto, el Trust Barometer 2026 refleja una situación similar en los niveles generales de confianza en España, donde el índice de confianza (el porcentaje medio entre empresas, gobierno, medios y ONG) con 45 puntos y prácticamente a la par con los resultados del año pasado (44).
Tras el retroceso registrado en 2025, este año se observan ligeros repuntes en la confianza hacia empresas (+1 punto, alcanzando los 54), medios de comunicación (+3 punto, alcanzando los 43) y gobierno (+2 punto, alcanzando los 35), mientras cae 4 puntos la confianza en las ONG.
Confianza según renta y perspectivas políticas
En ese contexto, el estudio también refleja que la confianza no se distribuye de forma homogénea. La brecha de confianza entre rentas altas y bajas alcanza los 17 puntos, la mayor registrada hasta la fecha en España, lo que apunta a experiencias muy distintas sobre cómo responden las instituciones a las expectativas de la ciudadanía.
El informe refleja, además, un descenso significativo en la exposición a perspectivas políticas diferentes. En España, solo el 41% asegura informarse al menos semanalmente a través de fuentes con una orientación política distinta a la propia, 14 puntos menos que en 2025. El dato refuerza la idea de un repliegue hacia entornos más afines, que limita el contacto con visiones distintas y dificulta la construcción de confianza.
“Vivimos en un contexto en el que la confianza se ha vuelto más frágil y más vinculada a la afinidad ideológica. Por eso, hoy es más importante que nunca impulsar espacios de escucha, reconocimiento y colaboración entre personas con perspectivas diferentes. La capacidad de las instituciones para actuar con coherencia y ayudar a acercar posiciones será decisiva para reforzar la confianza y favorecer una sociedad más cohesionada”, afirma Pelayo Alonso, Co-General Manager de Edelman Spain.
Confianza según empresas e instituciones
Los datos del estudio apuntan a que las empresas vuelven a situarse como la única institución percibida a la vez como ética y competente, pero tanto el Gobierno como los medios de comunicación se consideran más competentes y éticos en comparación con el año pasado Este avance refuerza el papel de las empresas como el actor institucional mejor posicionado para generar confianza en un entorno social fragmentado y con mayores dificultades para el entendimiento entre posiciones distintas.
En este contexto, las empresas no solo destacan por su posición relativa en confianza, ética y competencia, sino también por su capacidad para actuar como mediadores de confianza en un contexto de creciente repliegue identitario.
En España, la sociedad deposita en todas las instituciones la responsabilidad de actuar como mediadoras de la confianza y tender puentes entre grupos que desconfían entre sí: así lo esperan del gobierno (81 % dice que están obligados a hacerlo), los medios de comunicación (76 %), las empresas (74 %), las ONG (73 %) y “Mi empleador” (72 % entre empleados). Sin embargo, cuando se valora su desempeño real, solo “Mi empleador” (52 % de los empleados dice que lo está haciendo bien) y las empresas (49 %) aparecen como los actores más cerca de estar cumpliendo con esa expectativa, por delante de las ONG (38 %), los medios (32 %) y el gobierno (28 %).
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