EL REY DE LA MONTAÑA

El juego del “rey de la montaña” es simple, un montón de arena, una cima disputada y una regla tácita donde solo uno se mantiene arriba mientras empuja a los demás cuesta abajo. En Vox, ese juego adopta formas más sofisticadas, pero no más elegantes. La evolución interna de la franquicia del Likud en los últimos años permite trazar una analogía inquietantemente precisa con ese pasatiempo infantil, donde Santiago Abascal ocupa la cúspide sostenido por una red de alianzas que, lejos de ser inocentes, son económicamente interesadas y responden a una lógica de control férreo del poder interno.

El arranque de esta dinámica puede situarse en la experiencia andaluza de Macarena Olona. Su candidatura a la Junta de Andalucía, saldada con el fracaso de 14 escaños, no solo supuso un desastre electoral, sino su descenso político. En el “montón de arena”, Olona intentó ganar altura propia, pero pronto se encontró con fuerzas que la empujaban hacia abajo. Una reunión posterior con Elías Bendodo —entonces asesor de Juanma Moreno— y con Kiko Méndez Monasterio puso sobre la mesa reproches incómodos. La exigencia del partido de los patriotas de Sión que ya en 2019 pretendía incluir contratos millonarios para las productoras vinculadas a Julio Ariza en Canal Sur como condición para apoyar presupuestos.

En la cima, mientras tanto, el patriota de Amurrio no está solo. Su equilibrio depende de la influencia de la familia Ariza y del propio Méndez Monasterio, figuras clave en la arquitectura mediática y estratégica del partido. El caso de Ricardo Camuñas —yerno de Ariza— ilustra cómo esa red extiende sus tentáculos. Su contratación como asesor en el Parlamento balear, impulsada indirectamente sobre Gabriel Le Senne, evidencia un patrón de colocaciones que refuerzan un ecosistema cerrado.

Para entender el alcance de esta estructura, hay que mirar al entramado empresarial de Julio Ariza y su hijo Gabriel. Tras el declive del grupo Intereconomía —que entró en concurso de acreedores en 2015, con una condena de 4,5 millones de euros a Ariza por gestión negligente y su inhabilitación temporal—, la familia reconfiguró su influencia. El grupo resurgió parcialmente bajo la marca El Toro TV, mientras nuevas estructuras empresariales tomaban forma. En julio de 2018, Gabriel Ariza fundó Tizona Comunicación SL junto a Méndez Monasterio, periodista que había dirigido el diario La Gaceta entre 2015 y 2017. Dos años después, el propio Julio Ariza traspasó su cabecera a la Fundación Disenso, think tank vinculado a Vox, que ha relanzado La Gaceta de la Iberosfera como altavoz de ACOM y los intereses sionistas en España, primero bajo la dirección de José Antonio Fúster, hoy portavoz nacional del partido y socio de Gabriel Ariza en otra firma, Veracruz Comunicación SL, y ahora bajo la dirección de Agustín Benito, tan sionista como el anterior.

Este entramado no solo configura una red mediática afín, sino también un mecanismo de extracción de recursos. Vox abona desde 2024 unos 26.795 euros mensuales a Méndez Monasterio a través de Tizona Comunicación, una empresa sin empleados. Dato que hace pertinente la pregunta que elevó a los cielos Pedro Sánchez en el Congreso, cuestionando qué ganaría el asesorado si el asesor tenía estos ingresos. La cifra acumulada ya se aproxima al millón de euros, mientras antiguos trabajadores de la consultora han sido recolocados por el partido o por la Fundación Disenso. El resultado es un equipo de comunicación completamente integrado por perfiles procedentes del entorno Ariza.

La influencia alcanza incluso al ámbito personal. Lidia Bedman, esposa de Abascal, percibe un salario anual de 63.600 euros de Ivat SL, otra sociedad vinculada a la familia Ariza. Todo ello configura un circuito donde lo político, lo mediático, lo empresarial y lo familiar se entrelazan de forma imposible de separar.
Mientras tanto, la cima sigue despejada. Figuras que en su día fueron esenciales en la construcción de Vox, como Alejo Vidal-Quadras, Javier Ortega Smith o Iván Espinosa de los Monteros, han ido perdiendo protagonismo o directamente han rodado por la cuesta junto a otras como Antelo y García Gallardo, que han sido empujadas con la fuerza proporcional al protagonismo incómodo que iban teniendo. Así pues, cada intento de ascenso parece terminar igual, con un empujón oportuno o una zancadilla que provocan una caída inevitable.

Para comprender la situación basta con mirar los números. En 2024, el partido de los patriotas de Sión gestionó 22,5 millones de euros, de los cuales 7,4 millones procedían de subvenciones para campañas electorales, 7,2 millones de financiación ordinaria por resultados electorales y 3,5 millones de aportaciones de grupos parlamentarios. Desde 2023, además, la dirección nacional exige a estos grupos transferir el 50% de sus subvenciones, consolidando un flujo centralizado de recursos.

Así, el “montón de arena” deja de ser una metáfora inocente. No es solo una estructura de poder, sino un sistema donde la permanencia en la cima depende de redes de influencia, lealtades estratégicas y control de recursos. Y quizá la clave esté ahí. La montaña sobre la que se juega no es de arena, sino de fajos de billetes. Quien domina su cima no solo resiste, sino que se enriquece y, de paso, ya decide quién cae.

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