La Inteligencia Artificial Generativa se ha incorporado al entorno escolar con una rapidez que ha superado la capacidad de adaptación de muchos actores educativos. Aunque su irrupción es reciente, su uso entre menores es ya cotidiano y, en muchos casos, difícil de detectar. Así lo pone de manifiesto el último informe de EU Kids Online, basado en más de 25.000 encuestas a niños y adolescentes de entre 9 y 16 años, que evidencia cómo estas herramientas se integran de forma silenciosa en plataformas digitales que los jóvenes utilizan habitualmente.
Este fenómeno plantea importantes retos en términos de regulación, formación y protección de los menores. El impacto en el ámbito académico es especialmente relevante: un 23% de los adolescentes recurre a la IA para redactar trabajos escolares y un 30% para resumir textos, lo que reabre el debate sobre el desarrollo del pensamiento crítico y la calidad del aprendizaje.
En este contexto, resulta clave analizar el papel que deben desempeñar instituciones, familias y empresas tecnológicas. Por este motivo, desde PRNoticias conversamos con Verónica Arteaga, People and Culture Director en Softtek, para ahondar en los desafíos y oportunidades que plantea la irrupción de la inteligencia artificial en la educación. ¿Cómo deben prepararse los profesores=? ¿Los padres? ¿El legislador? Así responde la experta.
¿Están los docentes preparados para integrar la IA en el aula?
La preparación varía mucho de un profesor a otro. Algunos ya experimentan con estas herramientas y encuentran formas creativas de incorporarlas en clase, mientras que otros se sienten desbordados porque la tecnología avanza más rápido de lo que se puede capacitar. Lo importante es acompañar a los docentes con formación práctica y constante, para que puedan usar la IA de manera segura y con propósito educativo, sin miedo a equivocarse.
¿La IA ayuda o perjudica el pensamiento crítico de los alumnos?
Depende de cómo se use. Si los estudiantes la ven solo como una forma rápida de “resolver tareas”, entonces puede volverse un obstáculo. Pero si se les enseña a cuestionar las respuestas, comparar información y buscar distintos puntos de vista, la IA puede ser un impulso increíble para su pensamiento crítico. No es la herramienta en sí, sino el contexto y la guía que la rodea lo que marca la diferencia.
¿Qué deben enseñar los colegios sobre el uso responsable de la IA?
Más que enseñar solo a usar la IA, los colegios deberían enseñar a entenderla. Cómo funcionan sus respuestas, que pueden estar sesgadas, y que no siempre son correctas. También es importante hablar de ética: cuándo y cómo usarla, respetando la autoría y la privacidad de los demás. En pocas palabras, que los jóvenes aprendan a convivir con la IA con sentido y responsabilidad.
¿Qué implica que los menores usen la IA como “confidente”?
Es algo que nos obliga a mirar con atención cómo los jóvenes gestionan sus emociones. La IA puede dar la sensación de escuchar y entender, pero no reemplaza la mirada humana ni el acompañamiento afectivo. Es un recordatorio de que necesitamos seguir cultivando la comunicación entre adultos y jóvenes, para que se sientan acompañados y seguros.
¿Cómo pueden las familias supervisar un uso muchas veces invisible?
No se trata de controlar cada clic, sino de crear un espacio de confianza. Preguntar, conversar, interesarse por lo que los jóvenes hacen online funciona mucho mejor que la vigilancia estricta. Y, por supuesto, que los padres se familiaricen con las herramientas, para poder acompañar y orientar de manera realista, sin imponer miedo ni prohibiciones injustificadas.
¿Qué competencias digitales son hoy imprescindibles?
Hoy la juventud necesita más que saber apretar botones. Es importante que sepan evaluar información, detectar errores o sesgos, plantear buenas preguntas y entender cómo funcionan los algoritmos. También es fundamental que aprendan a cuidar sus datos y navegar en internet de forma responsable. Son habilidades que, combinadas, les permiten ser independientes y críticos en entornos digitales.
¿Qué responsabilidad tienen las tecnológicas en este uso?
Nos toca un papel muy grande. Las empresas debemos construir herramientas claras, seguras y confiables, pensando especialmente en los jóvenes. Eso significa explicar cómo funcionan, proteger su privacidad y diseñar con ética, para que la tecnología no sea un riesgo, sino un aliado real en la educación y la vida diaria.
¿Hace falta más regulación para menores?
Sí, pero sin exagerar. La regulación debe proteger, pero no asfixiar la innovación ni el acceso a herramientas que pueden ser educativas. Lo importante es garantizar seguridad, transparencia y derechos claros para los menores, para que puedan usar estas tecnologías sin exponerse innecesariamente.
¿Cómo pueden colaborar escuelas, familias y empresas?
El trabajo conjunto es clave. Cada parte aporta algo diferente: las escuelas el conocimiento pedagógico, las familias el acompañamiento cotidiano y las empresas la experiencia tecnológica. Coordinándose, pueden crear un entorno coherente donde la IA se use de forma responsable y con beneficios reales para el aprendizaje.
¿Qué riesgos y oportunidades ves a medio plazo?
A corto y medio plazo, el riesgo más evidente es que los jóvenes dependan demasiado de la IA y dejen de desarrollar autonomía y criterio propio. Pero la oportunidad es enorme: si se integra con sentido, la inteligencia artificial puede ayudar a personalizar la educación, hacerla más accesible y estimular la creatividad y el pensamiento crítico. Es un desafío que, si se gestiona adecuadamente, puede cambiar la manera de aprender para siempre.
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