AMI BONDÍA, DOCTORA EN COMUNICACIÓN

“La educación mediática es más importante que nunca”

LAS NOTICIAS SE CUELA EN NUESTRA RUTINA, CASI SIN PEDIR PERMISO. ESO TIENE VENTAJAS: NOS PERMITE ENTERARNOS DE MÁS COSAS EN MENOS TIEMPO PERO TAMBIÉN TIENE RETOS: PODEMOS CONFUNDIR EXPOSICIÓN CON COMPRENSIÓN

LA INMEDIATEZ DE LAS REDES SOCIALES SÍ TIENE UN IMPACTO EN NUESTRA ATENCIÓN. NO ES QUE DESTRUYA NUESTRA CAPACIDAD DE CONCENTRACIÓN PERO SÍ LA FRAGMENTA Y LA EXIGE DE MANERA CONSTANTE, DICE AMI BONDÍA

La evolución de las redes ha creado lo que se ha definido como infoxicación (intoxicación de información) o sobrecarga informativa (information overload). No es algo con lo que podamos luchar (a menos que la opción de desconectar sea la alegida) pero si hacer bueno el consejo que dice: si no puedes contra ellos, úneteles. Eso sí, con criterio para poder saber distinguir lo importante y valioso del escándalo y la mentira.

Ami Bondía, doctora en Comunicación y directora del Máster en Periodismo Multimedia de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), nos habla de cómo es la comunicación en estos tiempos: fragmentaria y que parece una avalancha. Y cómo debemos tener para adaptarnos al news-snacking, el término para definir nuestra manera de informarnos entre memes, el scroll infinito y las prisas.

¿Cómo definiría la forma de comunicación en estos tiempos? Hablemos del News-Snack.

Hoy la comunicación es rápida, fragmentada y nos llega de paso. La información se cuela en la rutina diaria mientras recorremos el feed de nuestra red social favorita, vemos un vídeo breve o un meme que alguien comparte. Eso es el news-snacking. No significa que nos interese menos la actualidad; significa que la consumimos de otra manera, mucho más integrada en nuestra vida cotidiana.

Nos informamos mientras caminamos, cocinamos, esperamos en la fila del supermercado. La noticia se cuela en nuestra rutina, casi sin pedir permiso. Eso tiene ventajas: nos permite enterarnos de más cosas en menos tiempo, descubrir tendencias y conectar con la actualidad sin dedicar horas a un periódico. Pero también tiene retos: cuando todo llega así, fragmentado, podemos confundir exposición con comprensión. Saber que algo pasó no significa entenderlo en profundidad.

Mucho se habla de la falta de atención de las personas por la influencia de las redes sociales y la inmediatez. Pero en la antigüedad también (y aunque no había pantallas) las cosas se trasmitían en moralejas y cuentos cortos, sin contar que la pantalla era el teatro. Parece que hay una demonización de la concentración o atención de las personas en la actualidad, ¿qué tan cierto (o no) hay de eso para culpar a las redes sociales?

La inmediatez de las redes sociales sí tiene un impacto en nuestra atención. No es que destruya nuestra capacidad de concentración, pero sí la fragmenta y la exige de manera constante. Nuestro cerebro sigue siendo el mismo de siempre, pero ahora está expuesto a cientos de estímulos simultáneos: notificaciones, vídeos, memes, hilos y contenidos que se consumen en segundos. Todo esto altera la manera en la que prestamos atención y nos hace saltar de un contenido a otro sin detenernos demasiado.

Antes la información llegaba en relatos, cuentos o el teatro; ahora nos llega en píldoras digitales que reclaman nuestra mirada inmediata. Eso puede dificultar la concentración prolongada y la reflexión profunda, porque nuestro hábito de detenernos y procesar información se ve constantemente interrumpido.

Por eso la educación mediática es más importante que nunca. No se trata de culpar a las redes, sino de aprender a gestionarlas: filtrar lo relevante, priorizar, contextualizar y profundizar cuando toca. La tecnología puede acelerar nuestra vida informativa, pero también nos desafía a entrenar la atención consciente y crítica.

La conversación en las redes se ha desvirtuado con la aparición de los haters que probablemente no se comportarían así en persona y que la conversación se ha degradado y ahora se busca conversaciones en redes privadas. ¿Es una evolución de la conversación degital y eso se puede trasladar a otras formas de conversación?

La conversación pública en redes ha cambiado, sí. Los haters y la exposición masiva han endurecido el tono. Pero más que degradación, lo que vemos es una evolución natural: la gente busca espacios seguros, privados, donde pueda expresarse sin miedo al juicio masivo. Grupos de WhatsApp, comunidades cerradas o chats especializados se han convertido en la nueva arena para dialogar con confianza.

Esto no es solo un fenómeno digital. También lo vemos en la vida personal, en la educación y en la empresa: se privilegia la conversación constructiva, con interlocutores de confianza. La comunicación pública y la privada se diferencian más que antes, y eso es una adaptación inteligente a un mundo saturado de información y opiniones.

El meme es nueva forma de fijar posición: ¿cómo se explica el poder de una imagen en estos tiempos de inmediatez y aparentemente frivolidad?

El meme es breve, visual, emocional y, a veces, instantáneo. Resume debates complejos en segundos y genera comunidad. Puede viralizar ideas que, de otra manera, tardarían horas en procesarse. No es frivolidad: es síntesis y conexión emocional.

Funciona porque habla el idioma de quien lo recibe: ironía, humor, referencias culturales. Permite fijar una idea al instante y hacerla compartible. Pero ojo, un meme abre la puerta al debate, no reemplaza el contexto completo. Su poder está en despertar interés y generar conversación, no en sustituir la reflexión profunda.

La IA está presente en todo: ¿cuánto va a influir en la forma de comunicarnos, la autenticidad se terminará imponiendo por sobre el contenido hecho en segundos y con un formato predefinido?

La Inteligencia Artificial está en todas partes, y sin duda cambiará la forma de crear y distribuir contenido. Pero lo que realmente conecta con las personas sigue siendo humano: voz, experiencia, emoción, humor. Eso no se puede automatizar.

La IA puede ayudar a producir más rápido, a dar forma a datos o a hacer contenidos más atractivos, pero la autoridad, la credibilidad y la mirada personal siguen siendo insustituibles. En un mundo saturado de información, la autenticidad se convierte en el recurso más valioso. Lo genuino seguirá marcando la diferencia, y nadie podrá replicarlo con algoritmos.

Seguiremos Comunicando….

Salir de la versión móvil