…Quince años después del 15M, el balance político de aquel movimiento sigue siendo objeto de una profunda disputa. Lo que nació como una explosión de indignación popular frente a la corrupción, el bipartidismo y el descrédito institucional terminó desembocando, para muchos críticos, en una operación de reconducción del descontento hacia formas perfectamente integradas en el sistema…
El ascenso fulgurante de Podemos y de Pablo Iglesias despertó desde el principio sospechas en determinados círculos políticos y periodísticos. Voces como la del periodista Jesús Cacho llegaron a plantear públicamente interrogantes sobre la posible protección o promoción de Iglesias desde sectores del aparato del Estado. A ello se sumaron las conocidas visitas del líder de Podemos a la embajada de Estados Unidos en Madrid, alimentando toda clase de interpretaciones sobre la naturaleza real de un proyecto político que se presentaba como antisistema.
También ha sido objeto de análisis el papel del general José Julio Rodríguez, posteriormente integrado en Podemos, después de que documentos diplomáticos dirigidos desde la embajada de los Estados Unidos en España a la CIA, revelados por Wikileaks, lo calificaran como “proestadounidense” durante su etapa al frente del Estado Mayor de la Defensa.
Para los sectores más desencantados de la izquierda clásica, el resultado final del 15M fue la sustitución de la lucha de clases por políticas identitarias y culturales importadas del mundo anglosajón. La llamada agenda “woke”, sostienen sus detractores, desplazó el conflicto económico y laboral hacia debates simbólicos mucho más compatibles con el modelo neoliberal.
Quince años después, la pregunta sigue abierta, si el 15M fue una auténtica rebelión popular o el mecanismo perfecto para neutralizar de la mano, de un mesías jorobado que prometió a los incautos tomar el cielo por asalto, cualquier posibilidad de una izquierda verdaderamente rupturista en España.
José Antonio RULFO.
