La Benemérita siempre ha presumido de disciplina, honor y servicio. “El honor es mi divisa”, dice su lema, lo que contradice frontalmente la actualidad porque lo que quizá nadie esperaba era descubrir una corrupción descomunal en su cúpula. Según la Fiscalía Anticorrupción, Mercedes González, directora general del instituto armado, y Manuel Llamas, director adjunto operativo (DAO), habrían encontrado una curiosa forma de gestionar el talento interno: abrir informaciones reservadas precisamente a aquellos agentes de la UCO que investigaban los asuntos más delicados o, lo que es igual, el método Negreira aplicado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
La Fiscalía fue contundente al sostener que “se dedicaron a abrir informaciones reservadas exclusivamente respecto de aquellos funcionarios que desarrollaban investigaciones de especial trascendencia, coincidiendo temporalmente con actuaciones procesales particularmente sensibles y carentes de una verdadera justificación disciplinaria”, generando así un efecto intimidatorio destinado a condicionar las investigaciones. Una descripción que el juez Pedraz ha considerado suficientemente relevante como para imputar a ambos por presuntos delitos de prevaricación y obstrucción a la justicia.
Mientras tanto, el Gobierno parece confiar en la memoria de pez del ciudadano. Entre el Mundial de fútbol, las vacaciones, las olas de calor y el último vídeo viral de un gato haciendo yoga, seguro que nadie reparará en otro episodio donde la corrupción vuelve a llamar a la puerta. Total, ¿qué son unas imputaciones más cuando se nos viene encima un España vs Portugal?
Cada nueva investigación parece confirmar a Pedro Sánchez que la actualidad muere en el último telediario y que el escándalo de hoy será enterrado mañana por el siguiente titular. En una democracia con estándares políticos normales, una cascada de casos de esta naturaleza habría puesto en la calle a todo el Gobierno. Aquí, en cambio, parece formar parte del paisaje, como los leones de las Cortes o las sombrillas de las playas.
Desde que Francisco Javier Girón, duque de Ahumada y descendiente directo del azteca Moctezuma, fundó la Guardia Civil y asumió el cargo de director general, probablemente nadie imaginó semejante degradación institucional. Quizá haya llegado el momento de que Claudia Sheinbaum pida perdón a España, y no al revés. No por la conquista, sino por haber dejado un legado que acabaría desembocando en esta ópera bufa. Hernán Cortés nunca debió haber puesto un pie en esas tierra.
