La llegada del verano intensifica la exposición del cuerpo en espacios como la playa, la piscina o los planes al aire libre, una situación que puede resultar especialmente compleja para los jóvenes. En una etapa marcada por el desarrollo personal y la socialización, el peso de la imagen se multiplica por la influencia de las redes sociales, donde la comparación con cuerpos editados o idealizados se vuelve constante.
En este contexto, enseñar el cuerpo deja de ser un gesto cotidiano para convertirse en una fuente de tensión. La anticipación al juicio externo —cómo se verá uno, cómo será fotografiado o comparado— activa emociones como la vergüenza o la inseguridad, condicionando decisiones tan simples como la ropa o los planes de ocio. Esta presión no solo responde al cuerpo real, sino a la distancia percibida con un ideal físico difícilmente alcanzable.
“La presión no aparece únicamente por el cuerpo que se tiene, sino por la comparación constante con modelos irreales que el cerebro interpreta como alcanzables”, explica Silvia Mérida Expósito, psicóloga de Blua de Sanitas. Según la experta, esta dinámica puede vincular la autoestima al cumplimiento de estándares físicos, limitando el bienestar emocional de los jóvenes.
La evitación social, una respuesta frecuente
Esta relación rígida con la imagen corporal se agrava cuando se intenta modificar el aspecto físico a través de dietas restrictivas o cambios bruscos de hábitos antes del verano. Reducir la ingesta, eliminar alimentos sin supervisión o compensar con ejercicio genera inicialmente una sensación de control, pero a medio plazo suele aumentar la ansiedad, la culpa y la vigilancia constante sobre el cuerpo.
Además, la evitación de situaciones sociales —como acudir a la playa o a la piscina— puede aliviar momentáneamente el malestar, pero termina reforzando el problema. Estos espacios pasan así de ser escenarios de ocio a lugares asociados con el juicio y la incomodidad, dificultando cada vez más la exposición.
Ante este escenario, los especialistas recomiendan revisar los referentes que se consumen en redes sociales, diferenciar los hábitos de salud de la urgencia estética y evitar conductas como la comprobación constante del cuerpo o las conversaciones centradas en el peso. También subrayan la importancia de recuperar el sentido de los planes de verano más allá de la apariencia y acudir a un profesional si la preocupación interfiere en la vida diaria.
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