Ceuta ya no es España.
Es una afirmación brutal. Exagerada, dirán algunos. Ojalá lo fuera. Porque no hablo de soberanía jurídica ni de banderas: Ceuta es España y seguirá siéndolo mientras así lo establezca nuestro ordenamiento constitucional. Hablo de algo mucho más difícil de conservar que un mapa: la percepción de sus ciudadanos de que el Estado está detrás de ellos. Y esa España empieza a desdibujarse cuando quienes viven en su frontera sienten que Madrid queda mucho más lejos que Rabat..
Primero Ceuta. Ahora Melilla.
España lleva demasiado tiempo administrando sus dos ciudades norteafricanas como quien vigila una gotera: poniendo cubos cada vez que llueve y felicitándose cuando escampa. Marruecos, mientras tanto, no necesita modificar una frontera para ejercer presión sobre ella. Y cuando llegan miles de personas, cuando se improvisan instalaciones de acogida en zonas especialmente sensibles, cuando la excepcionalidad amenaza con convertirse en paisaje cotidiano, el problema deja de ser únicamente migratorio.
Se convierte en un problema de Estado, un problema de TODOS
No son culpables quienes llegan buscando una vida mejor. Tampoco puede utilizarse su desesperación como anestesia para evitar una pregunta que corresponde contestar al Gobierno de España:
¿Qué proyecto tiene España para Ceuta y Melilla dentro de diez, veinte o cincuenta años?
Porque una frontera no se pierde solamente cuando alguien la cruza.
También puede perderse cuando quienes deben defenderla empiezan a acostumbrarse a que siempre nuestro territorio esté en discusión.
Y, lo dejaré aquí, porque la invasión es un hecho en la Región de Murcia… ciudades como Almería, Elche, Alicante… y así hasta llegar a su puto Califato… ¡No van a parar! Mientras, cuatro millones de raciones de buenismo y el resto a esperar para ver en qué termina todo esto…
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…