Y es que Contreras, que lleva semanas haciendo apostolado de ‘pluralidad’ y desvinculación con el Ejecutivo, se empleó a fondo desde un salón del madrileño Hotel Ritz para negar que La Séptima sea lo que le parece a (casi) todo el mundo: un altavoz de propaganda al servicio del sanchismo. Contreras llegó a tachar de “estupidez” que el nuevo canal haya nacido para apoyar al Gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, la Delegación del Gobierno en Madrid -cuyo jefe, Francisco Martín, estuvo en la mesa principal del encuentro- se dejó caer con un tuit promocional de la cadena que recogía las palabras del propio directivo: “Actualmente, la oferta de las televisiones privadas tiene un sesgo ideológico potente vinculado a ideas conservadoras. En el ámbito del mundo progresista, hay un vacío absoluto y total ahora mismo”, señalaba en un entrecomillado del propio Contreras la cuenta de la Delegación del Gobierno de Madrid.
Sólo con un tuit, el relato de Contreras saltaba por los aires, generando además una intensa polémica sobre cómo y por qué un organismo oficial se inmiscuye en la promoción de una cadena privada. La tormenta estaba desencadenada y los esfuerzos del gurú de La Séptima por desvincular el canal del Ejecutivo se venían abajo en tiempo récord.
Y eso que Contreras había vuelto a incidir en la necesidad de atraer “gente de diferentes edades e ideologías” apenas cuarenta y ocho horas después de que una de sus presentadoras, Sarah Santaolalla, participase como una mitinera más en un acto de la ministra Diana Morant.
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