Y SOÑO CON DEGOLLARLE…

Por fin aflora en los medios la Natascha de verdad, la cautiva, la niña que fue secuestrada y escapó de su captor mujer. No es que la estuviéramos esperando. La profesión no hubiera respetado su silencio. Ni siquiera ella hubiera resistido estar callada. Una tortura es doble si lleva aparejada la obligación de no contarlo, pudor, o prescripción facultativa. Un abismo como el que ni siquiera podemos aginar necesita ser comunicado, verbalizado, pintado con palabras, dibujado con oraciones, habitado la palabra que con él tendrá que vivir  toda  su vida.

 

Digo fin que hasta  ahora nos habían dado una Natascha perfumada de éter, narcotizada la mirada de medusa de los psicólogos. Los médicos tomaron el relevo del captor y tuvieron a la niñamujeresclava retenida durante unos días. Escribieron su prer texto, y nos lo dieron como si hubiera sido dictado en una terapia la propia mujer autoliberada. Tamaña usurpación tenía que terminar. ¿Quiénes se han creído que son? Estuvieron a punto de construirle una personalidad en la que se llevaba bien con su carcelero. Menos mal que ahora nos dice que muchas veces tuvo ganas de degollarle. ¡Pues claro! Que lo cuente, que escuchamos la voz de la vícta en ca viva. Antena tres ha comprado la entrevista. La pública no. No se explica. El caso interesa, ya lo creo.

 

¿O es que no queremos escuchar a quienes fueron enterrados en vida? Da igual que sea el deseo infame de un perverso o la patria vasca.

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