LA PARADOJA ITALIANA

La izquierda no entiende a Italia. Los comentaristas políticos de la prensa ‘progre' dicen abiertamente que Italia podía elegir en estas elecciones entre el estatismo y la mafia. El estatismo sería la izquierda, y los mafiosos estarían integrados en la cuadrilla de Berlusconi. Y claro, al ver el resultado de las últas elecciones, se hacen cruces, y no entienden nada. Algunas de las firmas del diario El País asumen esta tesis. Para ellos, Italia habría votado a un grupo de corruptos. No digo que no lo sean, pero afirmo que ese esquema es una herramienta inútil para entender lo que ocurre en Italia. Estos progres creían en las cualidades seductoras de Wlater Veltroni, y Veltroni se ha quedado colgado de la brocha, mientras a su izquierda, la vieja izquierda comunista (hoy llamada ‘del arco iris') se ha disuelto en el aire hasta desaparecer.


Berlusconi
será presidente tercera vez. Lleva en el seno de su coalición a la vieja Alianza Nacional, y como compañero de viaje a Bossi, el de la Liga Norte, que de separatista no tiene nada, mucho que se empeñen los que no ven más allá de sus narices. Bossi lidera un moviento de rebeldía fiscal contra la administración ineficaz, contra el despilfarro económico, contra la ineficacia. La Italia rica del Norte no quiere seguir pagando a la clase política protagonista de La Casta, ese libro que ha vendido más de un millón de ejemplares en el país transalpino. La vuelta de Berlusconi al gobierno se explica el fracaso de la vieja izquierda en sus reformas, su incapacidad para cambiar las cosas, su división, su exclusivo interés en permanecer en el poder sin hacer nada. Es posible que los italianos hayan elegido el mal menor, que han llegado a la conclusión que una clase política de izquierdas que sólo ha buscado su permanencia en el poder, como si tratara de una casta, les parezca peor que aquella otra parte de la política que busca su propio interés pero promete hacerlo sin tocar tanto las narices a los electores.

ALFREDO URDACI, PERIODISTA

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