Enero de 2027
El Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn es una cárcel tan infame como cualquier otra; su resultado más evidente es la deshumanización del preso mediante el control. Por tanto, no voy a aburrir al lector con descripciones innecesarias. En el interior de una sala gris, sin ventanas, esperamos la llegada de Nicolás Maduro Moros, que aparece uniformado al uso, esposado (de pies y manos) y custodiado por dos funcionarios de seguridad. El expresidente no parece visiblemente desmejorado.
- Presidente, ¿cómo le ha ido lo que llevamos de año en los Estados Unidos de América?
(Se ríe, pero no le sale. Es una risa seca, sin gasolina)…
- No le negaré que he tenido mis momentos de debilidad, pero yo todo se lo encargo a mi Diosito. A Dios Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Todo se lo encomiendo a Él. Dios sabe lo que hace. Yo siempre he actuado con ética, con moral, con patriotismo, con amor a mi Patria, y ahora estoy aquí, sirviendo de nuevo a mi Patria desde esta circunstancia. Tal vez sea mi condición humana, como ser bueno, lo que, obligado por mi lucidez y mi coherencia moral, me ha hecho anteponer el interés del Pueblo a mi beneficio personal. Yo no soy un avengoniao. Por supuesto que sabía desde hacía mucho tiempo que estaba vendido.
- El rapero Puff Daddy calificó esta cárcel como el infierno en la Tierra y dijo que era una tragedia humana continua.
- Mire usted… lo que diga un marico no tiene crédito. Porque cuatro morenos se apuñalen entre sí, uno no se va a impresionar. El último recuerdo que tengo de mi tierra es ir sorteando cadáveres de los treinta y dos jóvenes cubanos que entregaron sus vidas al grito de “Patria o Muerte”. Ya me dirá qué me va a impresionar que dos delincuentes se pinchen los huevos.
Yo conozco bien los Estados Unidos. Bastante he manejado yo por Boston, Baltimore, Filadelfia, New Jersey, Washington… bastante he recorrido Nueva York: Queens, Manhattan, Brooklyn. Y ahora estoy aquí, precisamente aquí, en Brooklyn, en una celda de cuatro por cinco pasos -que son veinte pasos cuadrados-, con una rendija de mierda, casi en el techo, que mide un palmo.
Y no, yo no me siento atrapado por esas cuatro paredes, ni por la doble reja. Yo estoy atrapado en una burbuja que se mueve lento, muy lento, y esa burbuja es el tiempo. Pero yo soy más fuerte que todo eso.
Lo primero que se me vino a la cabeza al entrar aquí fue una frase de Oscar Wilde: “La humildad es lo último que me queda; quizá sea el punto de partida de un camino nuevo”. Yo todo se lo encargo a Dios. A Dios Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
- Dice usted que no le sorprendió, pero ¿ha superado ya la traición de los suyos?
- Mire, le hablo desde el corazón de un hombre que se crió humilde y que siempre quiso seguir siendo humilde, sencillo. Le habla un hombre que no quiso aceptar ese modo intervencionista que le propusieron los americanos, que le quisieron imponer.
Le habla un hombre que no quiso que su país fuera colonia de nadie, ni quiso ser esclavo de nadie. Porque Nicolás Maduro Moro siempre fue un hombre del pueblo, gobernando y pensando por y para su pueblo.
La traición duele porque viene de los amigos. Siempre tuve gran admiración por La Tigresa y el psiquiatra -los hermanos Rodríguez-, amigos desde la adolescencia. Jorge ofició mi boda con Cilita. A Diosdado y Padrino nunca los consideré amigos; por eso ellos no me duelen. Pero los cuatro son traidores a Chávez y al Libertador (Simón Bolivar)… su idea de rehacer la democracia a través de un proceso popular constituyente. Una democracia donde el poder debía entregarse al pueblo.
¿Y qué es el poder? El poder es decidir. Decidir las políticas públicas.
Ellos no son más que unos desgraciados, unos malnacidos, unos coñoesumadre. Cuando supe que el trío había puesto el culo a salvo en Isla Margarita, entendí que mi final era cuestión de horas. No soy un pajizo.
- Presidente, hay una pregunta incómoda pero inevitable. ¿Quién lo incitó a imitar el baile de Donald Trump en aquel acto famoso?
(Coquetea con el silencio. Suspira.)
- Eso fue un error de bulto. Pero sí… Jorge Rodríguez me dijo que humanizaba, que conectaba, que mostraba seguridad. Yo lo dudé, pero le creí. Cometí un error garrafal. A mí el presidente Trump me merece todos los respetos. Uno no imita al imperio, ni siquiera para burlarse. Ahí crucé una línea ridícula. El poder no se baila: el poder se ejerce… o se pierde. El presidente Trump sabe mejor que nadie, que yo estaba dispuesto a cerrar los tratos comerciales que pudieran beneficiar conjuntamente al pueblo de Venezuela y a los Estados Unidos.
- ¿Qué sintió usted cuando el Departamento de Justicia eliminó la referencia a usted como líder del Cártel de los Soles?
- Bueno, aquello era demencial. Lo de la droga no se sostiene. Nadie ha combatido el narcotráfico como lo he hecho yo.
Yo, Nicolás Maduro, pulvericé más de 431 aeronaves del narcotráfico, y lo hice con la ley de interdicción en la mano. Primero se les avisó y, luego, pim, pam, pum. Y lo hice con los Sukhoi venezocuandlanos, y así pude controlar el impacto que tuvo esa plaga en tiempos pasados sobre nuestra sociedad bolivariana.
Venezuela ha sido la gran víctima del narcotráfico colombiano, y eso nadie lo quiere decir ni reconocer. Ahora, también debo confesarle algo: que Nicolás Maduro no estuviera implicado en el narcotráfico no quiere decir que Diosdado Cabello tampoco lo estuviera. Y al ministro del Interior le digo: quien se convierte en gusano no puede quejarse después si lo pisotean.
- ¿Qué piensa de que aún no se haya formado el jurado?
- Bueno, toda esta carajera es normal. Dése usted cuenta de que no hay una sola prueba para acusarme de narcotráfico y que la vaina se le ha complicado a los gringos, porque no me van a juzgar a mí. Yo no soy yo: yo represento un proyecto histórico de quinientos años. Esto es así como se lo digo. Yo soy Guaicaipuro, soy Bolívar, soy Zamora, soy Chávez… porque yo soy el pueblo venezolano. Y va a ser difícil condenarme, porque estoy refugiado en un búnker infalible: Dios Todopoderoso. Porque yo entregué Venezuela a nuestro Señor Jesucristo. Él es el Rey de Reyes y a Él me encomiendo cada día. Estoy tranquilo.
- ¿Cómo vive la ausencia de Cilia?
- Le confieso que eso es lo peor. He pasado muy malos ratos. Constantemente hago recuerdo de todos esos años juntos. Desde el día que le eché los perros hasta hoy. Vivo en el recuerdo de los recuerdos, pero tengo el convencimiento de que, a pesar de todo lo malo que me pudiera venir por delante, no hay otra vaina en mi vida que haya merecido tanto la pena. Y sé que la primera combatiente posee esa luz del espíritu para vencer las penas y el sufrimiento del cautiverio.
- Una última pregunta antes de que lo regresen, Presidente: ¿cómo vive el descrédito que se alimenta desde las filas del chavismo?
- Bueno, así como fui ejemplar en la lucha contra el narcotráfico, también lo fui contra la corrupción. Como no me podían acusar de nada, los gringos se inventaron lo de las drogas y estos traidores corruptos se inventan las fortunas familiares. El ser humano es débil y en las filas del chavismo aparecieron estos sifrinos deslumbrados por el lujo, que creen, como el ladrón, que los demás son de su misma condición.
La entrevista concluye sin solemnidad. Dos funcionarios se acercan, le colocan de nuevo las esposas y lo conducen fuera de la sala con la misma eficiencia neutra con la que se cierra un expediente. Maduro se despide levantando ligeramente la barbilla, como si aún esperara un aplauso que ya no existe.
La puerta se cierra. No hay consignas, no hay pueblo, no hay cadena nacional. Solo queda una sala gris, un grabador apagado y la sensación incómoda de haber escuchado a un hombre que todavía se cree indispensable, incluso ahora que el poder -ese que no se baila- ya no lo acompaña ni hasta la celda.
José Antonio Rulfo.
