RTVE parece inmunizada contra todo lo que pueda ser coherente y digno. RTVE lo ha vuelto a hacer. Y cuando el ente público “lo vuelve a hacer”, casi nunca es una buena noticia. La corporación ha decidido renovar La Revuelta por 31.555.572 euros durante dos años más, asegurando su continuidad hasta 2028, pese a que David Broncano y el programa tenían contrato vigente hasta septiembre de este año. Una renovación anticipada que no se ve ni en el fútbol profesional… y eso que allí corren millones como si fueran confeti.
La decisión no ha pasado por el Consejo de Administración. No ha habido debate. No ha habido votación. No ha habido control. Porque José Pablo López, con la libertad de hacer y deshacer lo que le pasa por el Arco de Trajano, y con la potestad que le otorga el decreto aprobado por el Gobierno, puede decidir a su antojo en la televisión de todos los españoles. Firmar contratos millonarios, comprometer presupuestos futuros y blindar presentadores sin rendir cuentas. Democracia televisiva versión república bananera.
Conviene recordar que hace poco más de un año, el fichaje de Broncano por RTVE provocó un auténtico terremoto interno, con destituciones, tensiones políticas y una corporación dividida. Entonces, la llegada del cómico se vendió como la gran jugada para competir contra El Hormiguero, una especie de combate del siglo en el que el aspirante al cinturón era un manco que venía con presupuesto público, plató nuevo y red de seguridad institucional. El resultado, a día de hoy, es sonrojante: las diferencias de audiencia no solo no se reducen, sino que aumentan.
La Revuelta nació con la promesa de frescura, irreverencia y juventud. Pero lo que ha demostrado semana tras semana es chabacanería, estupidez, repetición de fórmulas y un presentador marmolillo que, por mucho que se tiña el pelo y se pinte las uñas, demuestra ser un incapaz para sostener un formato diario de gran alcance. Broncano funciona en cápsulas, en entrevistas largas, en el tono de colega de bar. Pero como conductor de un buque que debía disputar el prime time… no da la talla. Le falta ritmo, colmillo televisivo y, sobre todo, ambición narrativa. El analfabetismo de Broncano pretende esconderse tras una ironía que, utilizada como un par de muletas, aspira a hacernos compartir su idea de vida desde el prisma de su estupidez, su conformismo y todos los valores que desprecia. Algo que subraya con esa exhibición de desgana de la que nace su marca personal.
Aun así, RTVE ha decidido blindarlo. ¿Por qué? Porque la operación no es televisiva, es política. El Gobierno de Pedro Sánchez se aseguró el control de RTVE mediante un decretazo que convierte a su presidente en una suerte de virrey audiovisual, con capacidad para firmar contratos millonarios sin contrapesos internos. Y así, La Revuelta queda garantizada como altavoz amable de cara a las elecciones de 2027, mientras se asegura a Broncano una continuidad cómoda hasta 2028, incluso ante un más que posible cambio de Gobierno.
El mensaje es claro: pase lo que pase en las urnas, el presentador queda protegido. Dinero público como chaleco antibalas.
El contrato establece que El Terrat y Encofrados Encofrasa, coproductoras del programa, percibirán 15.777.786 euros, a razón de 98.611 euros por episodio, es decir, 10.646 euros más por entrega que en el contrato inicial. Más dinero por un producto que no solo no crece, sino que pierde relevancia.
Y no, esta renovación no ha supuesto —esta vez— la destitución de la presidenta ni del director de programación, como sí ocurrió tras el fichaje inicial. Al contrario: aquí todo sigue su curso, como si nada. Como si comprometer más de 31 millones de euros del presupuesto público sin debate fuese lo normal.
Algunos han querido ver en esta decisión una reacción a la salida de Marc Giró hacia Atresmedia. Pero cuesta creer que alguna cadena privada esté en el estado de enajenación mental necesario para repetir una apuesta que, en términos de rentabilidad y audiencia, es una pérdida casi asegurada.
RTVE no ha renovado un programa: ha blindado un relato. Ha apostado por la continuidad de un presentador que no ha demostrado ser competitivo, ni innovador, ni decisivo en audiencias. Ha premiado la mediocridad con dinero público y ha convertido la anticipación contractual en una herramienta política.
Sin la más mínima duda, estamos ante la exhibición de un paleto que ha creado un mundo propio con una visión disminuida de la realidad humana, y que, buscando crear una atmósfera inmersiva desde un escenario de estética anglosajona del siglo anterior, reduce su realidad a la luciferina visión del sexo y el dinero. Algo que adorna con el atrevimiento pueril de pedos, pises y cagadas en un plato de ducha, pretendiendo hacerse pasar por dinamitero verbal y consiguiendo únicamente que, cataclismo, sea la palabra que nos viene inmediatamente a la cabeza y se nos revuelvan las tripas cuando tenemos noticia de Broncano.
La Revuelta no es el futuro de la televisión pública. Es su síntoma: mucho presupuesto, poca exigencia y cero autocrítica. Y mientras tanto, Broncano seguirá cobrando, protegido, cómodo… demostrando cada noche que no todos los millones del mundo pueden comprar carisma sostenido ni talento televisivo a largo plazo.
José Antonio Rulfo
Seguiremos Informando…
