La historia, según se ha contado, es relativamente breve: reunión el pasado martes en el Palacio de Viana y sólo un turno de preguntas. Los medios acreditados designan portavoz para efectuar tres preguntas de actualidad. La portavocía recae en una veterana periodista de Europa Press, Leyre Guijo, que antes de lanzar la batería de cuestiones recuerda al ministro, José Manuel Albares, que lleva ocho meses sin dar una rueda de prensa. Guijo plantea las preguntas: catalán en las instituciones de la UE, acuerdo con Gibraltar sobre Brexit y continuidad de ETA en la lista de organizaciones terroristas.
A Albares no le hace gracia, sale del paso en menos de un minuto y se marcha. El siguiente episodio, según han relatado medios como El Confidencial Digital o The Objective, incluye llamada del ministro a Asís Martínez, presidente de Europa Press, para comunicarle el veto a Guijo, mientras que su ‘dircom’, Antonio Asencio, hace lo propio con el director de la agencia, Javier García Vila.
El asunto tiene más importancia de lo que parece porque, obviamente, la amenaza se filtra y enciende a los corresponsales diplomáticos, que llevan meses soportando la pedantería y la incomunicación de Albares y los modos de su ‘dircom’, Asencio. El señor ministro y su edecán sólo quieren palmeros, que es a lo que andan acostumbrados y que, por desgracia, no les van a faltar, incluso en ciertos medios supuestamente de derechas que le hacen el caldo gordo.
Pero las cosas no terminan ahí porque Albares ha quedado retratado. Más aún. El proceder del susodicho es de sobra conocido, entre sus compañeros de carrera, pero también entre funcionarios del Ministerio y entre la prensa, a pesar de que algunos tengan que morderse la lengua por presiones de sus jefes. Hasta cierto punto, porque este falso cordero con alma de lobo, ha puesto sobre la mesa y dejado a las claras, cómo se las gasta con sus maneras de censor.
Pagado de sí mismo, déspota y arrogante, caminando como funambulista en la cuerda de los intereses creados y con el CNI, en la medida de lo posible, echando un vistazo de reojo a su pareja por sus vinculaciones chinas, Albares ha conseguido que su aroma y estilo impregne el Ministerio. Buen vasallo de su señor, Asencio se presta a lo que debería ser la labor de un auténtico ‘dircom’: calmar a su jefe, atajar la tensión y no dejar que la tentación dictatorial de la censura salte a la calle.
Ahora, no sólo hay una crisis de comunicación, sino también de reputación. Enhorabuena, lo habéis conseguido.
Claro que, en ocasiones, se piden peras al olmo. Asencio no es más que otro operativo político del PSOE amparado y crecido a los pechos del omnipresente Gerardo Iracheta (una vela a la izquierda, otra a la derecha y gana la Banca) y sus caldos entre Sigma Dos y La Cometa. Un sujeto fichado para reemplazar a un profesional como Julio Pastor, que se hartó de aguantar a Albares y su corte de los milagros -asesoras de decoración incluidas- y mandó al ‘repelente niño Vicente de la diplomacia sanchista’ a tomar vientos, con baños de sol y vinagre incluidos. Y, lo hizo con tal señorío que aún dijo que no había habido ningún choque.
Ya podían aprender estos bodoques a los que les falta mucha calle en el arte de la comunicación.
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