Blas Herrero sigue acaparando titulares. Algo que, al fin y al cabo, es lo que le gusta, como bien saben los que han seguido con atención la trayectoria desde que le sobre nombraran como ‘El Lechero’. Una de sus últimas acciones, la presentación de una oferta de compra al Grupo Prisa, forma parte de la campaña que lleva meses desarrollando en su búsqueda de atención, protagonismo y, si se le permite, negocio. Todo ello complementado con su táctica de poner una vela a Dios y otra al Diablo.
Herrero, una vez más, busca ser el perejil de todas las salsas. Desde hace meses, su nombre -o más bien su mote- aparece y desaparece como el Guadiana, vinculándose a un presunto grupo de empresarios dispuestos a lanzar un canal televisivo progubernamental o a meter aún más la cabeza en una Prisa, de la que fueron expulsados ciertos interlocutores suyos en dicho proyecto mediático.
A tanto está llegando esta ansia de protagonismo, que da la sensación de que, a Herrero, en realidad, lo único que le importa es que se hable de él. Eso, al menos, parece haberlo conseguido, aunque no siempre sea para bien. Y es que la trayectoria de Herrero habla por sí sola, consiguiendo que muy pocos se fíen de él. NADIE, como diría Ábalos.
Si acaso, el único que aún confía en él -y le ríe las gracias- es ese representante del ‘realismo mágico’ en versión político-empresarial que responde al nombre de Ignacio López del Hierro, antaño conocido como ‘Polla de Hierro’ y ahora -los años no pasan en balde- como ‘Polla de Trapo’. Personaje de lo más atrabiliario, mantenedor de agencias de comunicación, capaz de poner fin al problema de la vivienda en el sector periodístico y exmarido de la exsecretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, López del Hierro forma un peculiar Dúo Sacapuntas con Herrero.
Esa relación, que, según cuentan, le llevó a López del Hierro a facturar a Herrero y facilitó que, bajo gobierno de Mariano Rajoy, ‘El Lechero’ fuera agraciado con una licencia de televisión que ahora explota en régimen de alquiler, se sigue manteniendo y es una de las causas de desconfianza de unos y otros.
Y es que ‘El Lechero’ es así: capaz de participar en una operación mediática al servicio del sanchismo con una mano, mientras con la otra sigue moviendo peones -envejecidos, pero peones al fin y al cabo- que juegan, teóricamente, a favor del PP. Algo que no es verdad…
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