EE.UU. PIDE EXPULSAR A ESPAÑA DE LA OTAN

En España nadie recuerda nada. La desmemoria nacional se ha convertido en una política de Estado mucho más eficaz que cualquier ministerio. Aquí se olvidan sobres, comisiones, espionajes, contratos de emergencia, trenes que no llegan, carreteras eternas llenas de muerte, hospitales colapsados, indultos tácticos, amnistías estratégicas y promesas electorales con fecha de caducidad inferior al yogur natural.

La Kitchen se olvida. Gürtel se olvida. Las mascarillas se olvidan. Los peajes se olvidan. Las subidas de impuestos se olvidan. Los pactos imposibles se olvidan hasta que se firman, y una vez firmados también se olvidan.

España no necesita Archivo Histórico Nacional. Le basta con una trituradora.

La escena judicial española lleva años perfeccionando un género propio, mezcla de sainete y ciencia ficción.

—¿Conoce usted a esta señora?
 —No la he visto en mi vida.
 —Pero si es su esposa y tiene cinco hijos con ella.
 —No los recuerdo.

—¿Metió usted papeletas en la urna?
 —Absolutamente falso.
 —¿Salió usted en la foto?
 —Era inteligencia artificial.

Y así transcurre la vida pública. Nadie sabe nada. Nadie vio nada. Nadie firmó nada. Nadie encargó nada: sólo se hicieron consultas. En España no hay corrupción, hay asesoramiento espontáneo.

Mientras tanto, el ciudadano paga religiosamente impuestos, para financiar esta gigantesca residencia de ancianos morales donde todos padecen amnesia selectiva. Recuerdan el franquismo, la Guerra de Cuba y el gol de Iniesta, pero no recuerdan dónde acabó el dinero de ayer por la tarde.

Luego está la política exterior, que también merece museo propio. Tenemos enfrente a Marruecos, que cada cierto tiempo nos recuerda quién manda realmente en el tablero. Saltan fronteras, aprietan Ceuta y Melilla, tensan el gas, miden fuerzas… y aquí respondemos convocando una rueda de prensa y mirando a Bruselas con ojos de cordero institucional.

Somos una potencia en pedir ayuda y una superpotencia en pedir perdón.

Pedimos perdón por Colón, por Cortés, por Pizarro, por respirar fuerte en 1492 y por haber llevado el castellano a media humanidad. Dentro de poco algún ministro pedirá disculpas por Numancia, por Lepanto y por molestar a Napoleón.

Mientras otros países defienden intereses, nosotros redactamos comunicados.

No extraña que en Washington empiezan a mirarnos con la ternura con la que se mira a un primo simpático pero inútil. Un país que discute durante semanas por un beso, una mascletà o un tuit de 2009, pero que acepta con disciplina monástica cualquier sablazo fiscal o cualquier humillación diplomática.

La pregunta ya no es si Estados Unidos quiere expulsar a España de la OTAN. La pregunta es si alguien se daría cuenta aquí. Probablemente no. Estaríamos demasiado ocupados olvidando la siguiente trama, el siguiente escándalo o la siguiente promesa rota.

Nos echarían de la Alianza Atlántica y comparecería un portavoz para decir que no consta, que no le figura, que no tiene conocimiento y que, en cualquier caso, se trata de un bulo de la extrema derecha, de la extrema izquierda o del meteorólogo de TVE.

Y el país entero asentiría tranquilo, porque España podrá perder prestigio, industria, frontera, natalidad o influencia… pero jamás perderá su capacidad para fingir que no pasa nada.

Eso sí que es soberanía nacional.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

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