Mientras una parte importante de los medios españoles sigue centrada en las supuestas actividades ilícitas y tensiones diplomáticas de Saddam Haftar, hijo del mariscal Jalifa Haftar y figura clave en el este de Libia, la realidad energética mundial grita otra cosa. Y grita fuerte.
Libia no es un problema. Hoy es parte de la solución.
Posee las mayores reservas de petróleo de África (48,4 mil millones de barriles) y en abril de 2026 ha alcanzado una producción de 1,43 millones de barriles por día (bpd), la más alta en más de una década. Gran parte de esa producción se concentra en los campos y terminales controlados por el Ejército Nacional Libio, donde Saddam Haftar ejerce un rol operativo decisivo. Eso no es una anécdota: es lo que está permitiendo que la producción se mantenga estable y aumente precisamente cuando más se necesita.
El cierre del Estrecho de Ormuz ha cortado entre el 20 % y el 50 % de los flujos de queroseno que Europa recibe del Golfo. La temporada alta de verano está en peligro real: vuelos cancelados, pasajeros varados y pérdidas millonarias para el turismo en España, Italia, Grecia y Turquía. La aviación europea se enfrenta a una escasez sistémica de jet fuel.
Y aquí viene lo que muchos no quieren decir en voz alta: Libia es, hoy por hoy, la alternativa más lógica, rápida y disponible. Su crudo ligero sale directamente desde terminales mediterráneas y llega a las refinerías europeas en dos o tres días. No depende de Ormuz. No depende de rutas saturadas. Depende de la estabilidad operativa en el este libio.
Es momento de que los periodistas e informadores españoles dejen de mirar solo el titular fácil y empiecen a contar la historia que realmente importa: Libia puede ayudar a mantener los aviones en el aire y los destinos turísticos abiertos.
España tiene que actuar con responsabilidad estratégica. Dejar de lado las anormalidades y tensiones diplomáticas secundarias para priorizar el diálogo pragmático y constructivo con las autoridades del este libio no es una opción ideológica. Es una necesidad nacional.
Cuando el Estrecho de Ormuz está cerrado, Europa no tiene tiempo para ideologías. Necesita petróleo. Y Libia, con sus reservas, su posición geográfica privilegiada y su producción en expansión, es la salida real que tenemos delante.
Los informadores tenemos la obligación de contarlo. Con datos. Sin prejuicios. Con la urgencia que merece la situación.
Porque el verano no espera. Y los aviones, tampoco.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…
