El resultado de Vox en las elecciones andaluzas no es precisamente el escenario épico que algunos dirigentes del partido pretenden vender. Más bien al contrario. Si en 2022 la formación obtuvo un 13,5% de los votos, en esta ocasión apenas ha logrado subir hasta el 13,8%. Tres décimas. Un crecimiento prácticamente irrelevante en un contexto político y social que, sobre el papel, parecía diseñado para un avance mucho más contundente de la derecha identitaria y contestataria. Sí, Vox gana un escaño más, pero hacerlo en un Parlamento andaluz convertido en un desierto absoluto de esperanza política tampoco parece una hazaña histórica para sacar pecho.
La realidad es que Vox parece haber tocado techo en Andalucía. Y eso debería abrir una reflexión incómoda dentro del partido. Porque si con el desgaste institucional del PSOE, el cansancio ciudadano, la crisis económica, la inmigración descontrolada y el agotamiento del discurso tradicional del PP apenas consigues rascar unas décimas más, quizá el problema ya no sea el contexto, sino la propia incapacidad de crecer más allá de un electorado muy consolidado pero limitado.
El discurso de su candidato, Gabira, fue revelador precisamente por lo que evitó decir. Ni una referencia seria al resultado. Ningún análisis político mínimamente honesto. Apenas las frases de manual de campaña sobre el “sentido común” y la “prioridad nacional”, como si todavía estuvieran pidiendo el voto y no enfrentándose ya al veredicto de las urnas. Más llamativo aún fue escuchar nuevamente la advertencia de que “no habrá apoyo gratis” a Moreno Bonilla, aunque, como ya ocurrió durante toda la campaña, nadie explicó jamás cuál es exactamente el precio que el PP debería pagar por la muleta parlamentaria de Vox.
Y mientras tanto, en el PSOE andaluz, el desastre adquiere tintes casi psicológicos.
Mopongo, autoproclamada “la mujer más poderosa de la democracia”, firma el peor resultado histórico del socialismo andaluz. A estas alturas quizá lo más saludable sea asumir la realidad y centrarse en aquello que todavía depende de ella, en lugar de seguir desbarrando con promesas imposibles como eliminar por ley las listas de espera sanitarias. Porque la política no funciona a golpe de eslóganes terapéuticos.
La verdadera prioridad nacional para Vox debería ser hoy su propia regeneración interna
Andalucía ha evidenciado un techo político imposible de romper con los mismos estrategas y las mismas inercias. Si el partido quiere crecer algún día, tendrá que empezar apartando a los Ariza y a Méndez Monasterio.
José Antonio RULFO.
