RITUAL DE APAREAMIENTO

…Ayer, Benito Antonio Martínez Ocasio, hijo de Benito, conocido artísticamente como Bad Bunny, ofició una ceremonia ante 64.000 fieles en el Estadio Metropolitano de Madrid. Fue la primera de las diez actuaciones que realizará en la capital española en apenas quince días, una cifra que da cuenta de la dimensión que el fenómeno tiene en la sociedad..

“¡Benito, Benito!”, coreaban los asistentes mientras el artista lucía un traje de chaqueta cruzada y amplias solapas -de ZARA-, para recordarnos que la moda es pura extravagancia, pues iba ataviado de forma que evocaba la estética de un bautizo garrulo de los setenta. A su espalda, la orquesta Los Sobrinos aportaba una explosión de color marica y ritmo caribeño que marcó el tono de una velada de casi tres horas.

“Madrid, baila y ama sin miedo”, repitió una y otra vez el cantante puertorriqueño. Y el Madrid de los acentos obedeció. Durante dos horas y cincuenta minutos, decenas de miles de personas, al igual que bonobos y como si eso formara parte de su ritual de apareamiento, bailaron salsa, reguetón y otros ritmos latinos impulsados por trombones, trompetas y percusiones que hoy forman parte inseparable del paisaje sonoro global y quizá, quién sabe, sean las trompetas de Apocalipsis.

Más allá del espectáculo chabacano, el concierto invita a una reflexión cultural. ¿Qué explica que el reguetón haya alcanzado semejante hegemonía en la música urbana contemporánea? Nacido en buena medida como expresión de barrios periféricos y como vehículo de reivindicación identitaria, el género ha terminado convertido en una industria multimillonaria que domina listas de éxitos, festivales y plataformas digitales. La cuestión es cómo se ha podido producir esa expansión de auténtica pobreza artística en una sociedad que, sólo desde sus escombros, puede aceptar lo inmediato, lo repetitivo y lo fácilmente viralizable como cultura. Es la norma instalada en todo aquello que parece ser oro en nuestra sociedad.

El clímax de la noche llegó, según las crónicas, con “Yo perreo sola”. Antes de interpretarla, Bad Bunny lanzó una consigna reveladora: “Si usted se va de aquí sin haber perreado, no puede decir que estuvo”. Quizá esa frase resuma mejor que ninguna otra el espíritu de una época en la que participar importa más que contemplar, y en la que el entretenimiento se ha convertido en una experiencia colectiva obligatoria. El éxito arrollador de Bad Bunny no sólo habla de un artista; habla sobre todo de una sociedad que, desde la incultura, lo ha elevado a categoría de fenómeno.

Entre los asistentes destacaron las actrices María León y Ester Expósito —novia de Mbappé—pero, a quien realmente se echó de menos, fue a la presidenta de la Autonomía y principal impulsora del Madrid de los acentos y, por supuesto, a Irene Montero, confesa fan de Benito Antonio, como el garrulo de Patxi López.

José Antonio RULFO

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