Robles ha comenzado su intervención al ritmo de golpes de pecho, dirigiéndose directamente a los ceutíes y pidiendo perdón “a todos aquellos ciudadanos que puedan haberse sentido o que incluso hoy sigan sintiéndose abandonados o no suficientemente acompañados”. “Su angustia es también nuestra angustia”, ha afirmado, antes de asegurar que no han estado abandonados ni lo estarán. Sin embargo, sus propias palabras han terminado introduciendo una evidente autocrítica y contradicción: “Si los ciudadanos se sienten abandonados, angustiados, solos y tristes es porque algo habremos hecho mal”. La ministra ha reconocido, además, que el Estado llegó tarde mientras la población sufría. Como para no sentirse abandonados…
La comparecencia ha abierto una fractura especialmente incómoda dentro del Ejecutivo. Robles ha defendido que los militares y los servicios de inteligencia cumplieron con las funciones que les correspondían y que la información disponible fue compartida y analizada con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y la Delegación del Gobierno. Frente a la versión de Fernando Grande-Marlaska, que sostiene que nadie le informó de una entrada masiva de esta magnitud, Defensa afirma que el CNI comunicó verbalmente el riesgo y que “no hace falta informes manuscritos” para transmitir una información de inteligencia.
Robles ha cerrado su intervención con un mensaje inequívoco ante el desafío territorial: España responderá a cualquier vulneración de su integridad territorial “desde la legalidad, pero con firmeza”. Una advertencia que adquiere especial relevancia cuando las reivindicaciones marroquíes vuelven a situar la soberanía de Ceuta en el centro del debate. Aquí lo único que cabe preguntarse es por qué responderá y por qué no ha respondido.
José Antonio RULFO
