Nos hemos acostumbrado a las averías, los retrasos, las explicaciones imposibles y los ministros que saben más de ruedas de prensa que de dar respuestas. Tragamos con todo. Hasta con que nos cuenten que un accidente es un error humano y que las máquinas no tienen culpa. ¡Hostias! ¿Y quién vigila al humano, quién controla la máquina y quién coño responde cuando fallan los dos?
Un día después de la tragedia de Urda, la Guardia Civil había recibido decenas de denuncias por desaparición. Familias recorriendo hospitales, buscando fotografías en las redes, llamando a teléfonos que no responden o no tienen respuestas. ¿Dónde está mi padre? ¿Dónde está mi hija? ¿Dónde está mi hermano? Que alguien se imagine haciendo esa pregunta durante veinticuatro horas. Que se lo imagine sentado frente al móvil, esperando una llamada que puede destrozarle la vida.
Y mientras tanto, ministros, directivos, expertos y tertulianos explicándonos las maravillas de la tecnología ferroviaria. ¡Que se metan el balastro, el LZB y las estadísticas donde les quepan! Una familia no necesita un máster en alta velocidad. Necesita saber dónde está su gente. Necesita información, acompañamiento, coordinación y una Administración que no la obligue a peregrinar de hospital en hospital.
No voy a culpar a quienes están levantando hierros, atendiendo heridos e identificando víctimas. Son ellos quienes están dando la cara. La responsabilidad de organizar una respuesta humana, rápida y eficaz corresponde a quienes mandan, cobran por mandar y tienen la obligación de prever lo que ocurre cuando todo se va a la mierda.
Y ahora, señores de Moncloa, de Transportes, de Renfe y de Adif, dejen de mirarse las caras y empiecen a responder. Investiguen las causas, depuren responsabilidades y expliquen qué ha fallado también en la atención a las familias. Porque el horror no termina cuando se detienen los trenes. Continúa en cada casa donde alguien espera noticias.
¿DÓNDE ESTÁ MI PADRE?
Que nadie tenga que volver a gritarlo delante de una estación, un hospital o una pantalla de televisión.
Porque un país que presume de llevarnos al futuro no puede dejar a sus ciudadanos buscando a los suyos en el pasado de una tragedia.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…
