En Urda, Pedro Sánchez se presentó el mismo día del accidente ferroviario. Volvió a participar en la coordinación de la emergencia al día siguiente y mantuvo el seguimiento institucional. Condolencias, apoyo expreso, promesas de llegar hasta el final. Todo lo que corresponde hacer a un presidente. Ni una objeción. Pero ¿por qué esa misma proximidad no la sintieron tantos valencianos después de la DANA?
En Paiporta, el 3 de noviembre de 2024, Sánchez acompañó a los Reyes y a Carlos Mazón. Llegaron el barro, los insultos, la tensión y su salida por motivos de seguridad. Felipe VI y Letizia permanecieron junto a los vecinos y volvieron después a otros municipios devastados. Sánchez también regresó a Valencia, pero fundamentalmente para encuentros institucionales. Una cosa es regresar a un despacho y otra volver a pisar el barro de quienes siguen esperando.
Que nadie pretenda enfrentar a las víctimas de un tren con las víctimas de una inundación. Todas merecen el mismo respeto, la misma atención y el mismo compromiso. Lo que estamos comparando no es el dolor. Es la respuesta de quien tiene la responsabilidad de gobernar para todos.
Porque una tragedia ferroviaria exige presencia, explicaciones y responsabilidades. Y una DANA que arrasó pueblos enteros también. La diferencia no puede establecerla la comodidad de una visita, la tensión de una calle o la posibilidad de salir bien en una fotografía.
Pedro Sánchez, un tren, sí. Una DANA, también. Y no solamente para una reunión, una comparecencia o una partida presupuestaria.
Porque un presidente no debe estar únicamente donde puede hacerse una fotografía. Debe volver donde todavía quedan ciudadanos esperando que alguien les mire a los ojos.
pedro de aparicio y pérez de Lucentis…
