Si el Cirque du Soleil buscara inspiración para un nuevo espectáculo, no tendría que irse muy lejos. Bastará con desplegar su carpa en Aragón y observar la campaña autonómica de Pilar Alegría, un número de equilibrismo extremo, donde la protagonista, la de la cara hecha a puñetazos, avanza por la cuerda floja con una sonrisa ensayada, mientras debajo arde la hoguera del sanchismo en retirada.
El espectáculo podría titularse, sin demasiada sutileza, ‘Alegría y el Ternasco’ -obra bastante épica en 3 actos-. Porque hay algo profundamente circense en esta candidatura: música épica de fondo, vestuario regional cuidadosamente planchado, referencias constantes a la tierra -mucha, demasiada tierra- y un público que observa con mezcla de fascinación y escepticismo, cómo la artista principal intenta que el número no termine en caída libre y sin red, sin dientes…
La trayectoria de Alegría parece diseñada por un director creativo obsesionado con los giros de guión. Hace una década fue opositora interna de Pedro Sánchez, portavoz de Susana Díaz y apoyo declarado de Eduardo Madina -enfrentado al PSSanchista y asesor-…
Después, número dos de Javier Lambán, hasta que el acto se torció, por culpa de unas listas municipales en Zaragoza que nadie quiso retocar. Ahí empezó el primer gran salto mortal sin red: Ferraz aplaudiendo, Aragón frunciendo el ceño y la artista acercándose peligrosamente al palco presidencial.
El resultado fue conocido: victoria pírrica en 2019, pacto ortopédico entre Ciudadanos, Vox y PP, y premio de consolación en forma de Delegación del Gobierno. El público no supo si aplaudir o pedir la devolución de la entrada. Pero el espectáculo debía continuar.
En este circo político, Alegría ha ejercido casi todos los papeles: funambulista del cambio de lealtades, maga del discurso adaptable y, en ocasiones, domadora de fuegos internos. Graduada en Magisterio, ministra de Educación, secretaria de Organización del PSOE aragonés, portavoz nacional del partido y finalmente portavoz del Gobierno. Una carrera que, vista desde la grada, recuerda a esos números del Cirque du Soleil, en los que el artista cambia de vestuario, sin que el espectador entienda muy bien cuándo ha ocurrido.
Ahora llega el acto final: candidata a la presidencia de Aragón en unas elecciones, que las encuestas anuncian como una tragedia griega, -pero sin praxiteliana, ni chulazos -… sin catarsis. Dentro del propio PSOE se comenta que tanto ella, como María Jesús Montero han sido lanzadas a la pista como parapetos humanos, sacrificios rituales del nazca, para amortiguar el desgaste del ‘dios’. No son candidatas; ¡son escudos de carne y pelos!, -cántese con la música de ‘De Pata Negra’ de la pupila del Fary-.
El origen del número es bien conocido: los cinco días de reflexión presidencial de 2024. En aquel silencio solemne, se mencionó a Alegría como posible relevo. El truco no salió. Y cuando en el circo el truco falla, alguien acaba volando… en el cañón de la bala humana -a tomar por culo-.
Desde entonces, la precampaña de la aspirante ha virado hacia lo telúrico. Menos Moncloa, más alforja y torrezno en ristre. Menos Consejo de Ministros, más acento local -hablar hasta con los burros, aunque no voten, pero asesoran al gañán-. Alegría presume de orígenes, de ternasco, de Aragón profundo, aparcando con cuidado quirúrgico su papel como defensora de la financiación singular catalana. Porque no hay nada más incómodo que explicar a tu público por qué el trapecista de al lado es rico y se lleva tu sueldo para abrir delegaciones delirantes, entre otras… ¡Un puig del monte, bien cargado, querido tuerto!
El momento culminante del espectáculo llegó con un tuit memorable: tres años de pasado universitario en Teruel. Detalle menor, salvo por una nimiedad técnica: la Universidad de Teruel nunca ha existido. Mentira, bellaco… ¡TERUEL EXISTE!… Un fallo de guión imperdonable, cómo anunciar elefantes en pista y sacar un pony con complejo delirante de mamut. El público rió, pero no como estaba previsto… Perdían los dientes, las carcajadas rompían sus gargantas, los alaridos eran épicos… ¡Nos destrozamos y mentimos… Por él, por él, por él!… que partió a la sierra, que nunca hizo daño… con la letra de ¡Te recuerdo Amanda! de Víctor Jara … A bailar, la danza, una de baturros, cachirulo en el pelo, no importaba, ibas a encontrarte con él…
Y sin embargo, Alegría sigue. Sonríe. Avanza. Se sube al trapecio una vez más. Porque en el circo político español la función nunca se cancela, las pistas, todas, 23/7 (una hora para el aseo personal)… aunque el aforo esté medio vacío y los críticos ya hayan escrito la reseña.
‘Alegría y el Ternasco’ no es sólo una campaña: es una metáfora. La de una política lanzada al ruedo para distraer al público, mientras el director observa desde bambalinas. La de una candidata convertida en espectáculo itinerante, diseñada más para resistir el abucheo que para ganar el aplauso final. Debería, por su conciencia y honor, ser estrenada como Ópera, en la de Nueva York, con el amigo Donald, o con Ronald Mac Donalls de anfitrión…
Cuando se apaguen las luces y la carpa se repliegue, quedará la pregunta de siempre: ¿era esto una apuesta real o sólo un número de relleno? En el Cirque du Soleil, incluso los números secundarios están perfectamente ensayados. En la política, en cambio, a veces basta con sonreír, saludar, sorber y chupar… y esperar que el público no note que la cara del candidato, no es su cara, es la de él…
José Antonio Rulfo.
