Donald Trump retiró la versión en español de la página web y de las redes sociales oficiales de la Casa Blanca en enero de 2025, apenas unas horas después de asumir la presidencia de Estados Unidos en su segundo mandato. La decisión reabrió un debate ya conocido y dio lugar a numerosos análisis que, en aquel momento, tendieron a interpretar la medida como un gesto de carácter simbólico más que operativo. Así lo expresó entonces a PRNoticias el consultor senior de Asuntos Públicos de Ernest, José Olábarri, quien advirtió hace un año que para Trump era una “cuestión menor” y que tendría mayor impacto “la presencia de personas latinas en altos cargos como Marco Rubio que el hecho de que la página de la Casa Blanca esté en español”.
Sin embargo, el desarrollo político de este segundo mandato invita a revisar aquel diagnóstico inicial. Lo que pudo parecer una decisión casi estética se ha ido integrando, con el paso de los meses, en un marco más amplio de redefinición identitaria, en el que el idioma, la inmigración y la política exterior forman parte de una misma narrativa sobre qué significa hoy “ser americano”.
Tras doce meses de gobierno, el debate ya no se limita a la visibilidad del español en los canales institucionales, sino que se desplaza hacia sus implicaciones políticas, sociales y culturales. ¿Ha confirmado este primer año que aquella retirada fue una señal temprana de un giro más profundo? A continuación, Olábarri responde a esta y otras preguntas.
Hace un año analizaba la retirada de la web y las redes en español de la Casa Blanca como un gesto simbólico pero revelador. Tras doce meses de mandato, ¿qué lectura hace hoy de aquella decisión y de su significado político real?
Creo que este primer año de Donald Trump en su regreso a la Casa Blanca ha mostrado que está queriendo resituar las prioridades de Estados Unidos y que está redefiniendo lo que es americano. Así se observa con los movimientos geopolíticos que ha llevado este año. Y retirar el uso del español de las comunicaciones oficiales de la Casa Blanca fue una primera muestra de que el español, a su juicio, no es algo americano. De hecho, lo percibirá más como una amenaza para la identidad americana.
Entonces señalaba que esta medida “cerraba los ojos a una realidad demográfica imparable” en Estados Unidos. ¿Cree que la administración Trump ha ignorado deliberadamente el peso de la comunidad hispanohablante durante este primer año?
Esta administración está tratando de compensar la evidente realidad demográfica que afronta Estados Unidos: el porcentaje de población hispana crece y seguirá creciendo. Su reivindicación de “lo americano”, en lugar de buscar que los latinos se integren más en la cultura y la tradición estadounidense (tal y como ha ocurrido con otros grupos foráneos a lo largo de la historia del país), está provocando un enfrentamiento frontal con quien no representa esa “americanidad”. Las redadas antiinmigración que estamos viendo son buen ejemplo de ello.
Advertía de que la falta de información institucional en español podía aumentar la vulnerabilidad de millones de latinos. ¿Ha observado consecuencias prácticas en términos de acceso a derechos, información o participación cívica?
Me parece que hay muchos factores que influyen en los datos de vulnerabilidad, como para que uno solo sea determinante. Pero, desde luego, es un mensaje al exterior: “Estados Unidos no va a poner fácil vuestra integración en el país”. Siempre he pensado que la lengua es el camino más fácil para la correcta convivencia entre personas de distintos pueblos. Medidas como estas son granos de arena en el camino hacia la tensión en la convivencia en la sociedad estadounidense.
En 2025 sostenía que esta política lingüística podía dificultar incluso el propio objetivo de Trump de que los latinos contribuyan al proyecto MAGA. ¿Diría que esta contradicción se ha hecho más evidente?
En este segundo mandato creo que se va a ver una gran contradicción del proyecto MAGA. Uno de los objetivos de la búsqueda de control de Estados Unidos en países vecinos del sur (Venezuela, Cuba…) es tratar de reducir la inmigración en Estados Unidos. Mejorar las condiciones en dichos países puede reducir los flujos de personas y hacer que personas que residen en Estados Unidos deseen volver a sus países de origen. Es otra manera de recuperar “lo americano”. La contradicción es que, dentro de Estados Unidos, las condiciones para los hispanos pueden ser más difíciles; pero en sus países de origen quizá se encuentre una mejora.
Hablaba de un camino de aislamiento “a todos los niveles”, del que el idioma era solo un ejemplo. ¿Cómo encaja hoy esta política en la estrategia internacional y cultural de Estados Unidos tras este primer año?
Creo que este año ha sido bastante claro en este aislamiento. Con la intervención en Venezuela, se aisló del orden internacional. Con sus amenazas a Groenlandia y sus choques con líderes europeos, se aísla de sus aliados tradicionales. Los aranceles han dificultados las relaciones comerciales con todos los demás países. Incluso sus aliados, por temas ideológicos, saben que deben estar bajo su influencia para contar con su respaldo. Si esta actitud persiste durante todo el mandato, creo que se iniciará un cierto sentimiento de resentimiento hacia Estados Unidos, socavando el poder blando americano.
En contraste, destacaba que la presencia de latinos en altos cargos, como Marco Rubio, tenía más impacto que la desaparición del español de la web institucional. ¿Cómo valora el papel de este perfil en la toma de decisiones durante 2025?
Marco Rubio me parece una persona fundamental para entender la política exterior estadounidense de este primer año. El foco que se ha puesto sobre América Latina no se entiende sin su presencia en el Gabinete. De hecho, me ha sorprendido la enorme capacidad de influencia que tiene sobre el presidente, alguien difícilmente influenciable. Creo que, para la región, es preferible que una persona que conoce mejor y se siente más unida a Latinoamérica tome decisiones que una persona sin conocimiento ni lazos culturales.
Mirando al futuro, tras este primer año de Trump, ¿cree que el español en Estados Unidos sigue siendo una gran oportunidad estratégica para España o que la coyuntura política actual obliga a replantear esa visión?
Sigo pensando que Estados Unidos es una oportunidad estratégica para el avance del español en el mundo. El presidente Trump no durará siempre y la influencia del país americano seguirá siendo de primerísimo nivel en el futuro. Lo he dicho antes, el idioma me parece uno de los mejores conectores entre pueblos y, por eso, cuando las relaciones políticas son más difíciles, más importante es tratar de estrecharlas a nivel cultural.
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