Elisa Mouliaá ha vuelto a la actualidad después de que no compareciera por tercera vez en una causa derivada de la querella por calumnias presentada por Íñigo Errejón. En el auto, el magistrado habla de una “clara e inequívoca voluntad de sustraerse a la acción de la Justicia”, una frase que tiene la delicadeza de un piano cayendo desde un octavo piso.
Mientras tanto, la actriz nos ha regalado uno de esos momentos que parecen diseñados por un guionista con sobredosis de cocaína: una piscina absolutamente vacía, una presunta actriz con sobrepeso y un mensaje desde Dubái con la sensación de que el algoritmo estaba colaborando activamente con los redactores de sucesos.
Mouliaá, seguramente la única turista en EAU, sostiene que se encuentra trabajando, no sabemos si por horas, bajo un contrato internacional entre Dubái y zonas del Mar Rojo con comunicaciones limitadas. Esa es su versión de los hechos. El juez, por el contrario, considera que las explicaciones aportadas no justifican las reiteradas ausencias. Y entre ambas posiciones se encuentra el ciudadano medio, intentando decidir qué puede hacer la Mouliaá en el paraíso del brilli brilli, la meca de la prostitución y el refugio de los influencers cuando en Dubai ya no queda ni el gato. Porque lo verdaderamente fascinante es el escenario elegido. Durante años, Dubái ha sido presentado como el decorado definitivo del éxito de lo hortera: rascacielos imposibles, coches de súper lujo y vídeos motivacionales grabados frente a piscinas infinitas. Sin embargo, la realidad suele tener la mala costumbre de ser menos cinematográfica que Instagram.
Ahora la actriz deberá afrontar una situación bastante menos glamurosa que cualquier atardecer sobre el Golfo Pérsico: comparecer ante la Justicia, aunque el trayecto desde la T4 hasta la Plaza de Castilla, en esta ocasión le saldrá gratis.
Mouliaá no sólo nos ha mostrado una ciudad desierta sino que ha retratado el desplome de una sociedad que recibe el bombardeo constante de los misiles hipersónicos de la estupidez.
Feliz viaje de vuelta.
José Antonio RULFO
