LA PINEAL SE FUE AL VAR

El Planeta ‘planoeta’ ha dejado de girar alrededor del Sol para hacerlo alrededor de un despacho oval. Ya no manda la gravedad. Manda el reglamento que alguien reescribe mientras están hinchando el balón.

Hasta en el fútbol aparece un emperador color naranja dispuesto a decidir quién merece seguir respirando sobre el césped y quién debe desaparecer del paisaje. El árbitro ya no pita. Traduce órdenes. El silbato es una antena.

Vivimos gobernados por una generación de niños viejos. Gigantes con piernas gordas, egos de hormigón y una glándula pineal declarada patrimonio de la extinción. Se sientan con su inmenso culo sobre el cráter de un volcán convencidos de que el magma es una alfombra roja.
La Tierra no es redonda. La Tierra tampoco es plana. La Tierra está doblada por las mentiras.

Nos educaron para creer en héroes y descubrimos que eran fabricantes de decorados. Nos hablaron de democracia mientras vendían los tornillos del escenario. Nos prometieron libertad y terminaron patentando el aire. No tardarán en cobrarnos un canon por respirar profundamente.

El amor ha desaparecido de las estadísticas porque ningún ministerio sabe medir un abrazo. La empatía cotiza peor que el petróleo y la ternura ha dejado de fabricar dividendos.

Mientras tanto, la inteligencia artificial aprende a escribir poemas y la inteligencia natural se dedica a discutir si una máquina siente más que un ministro.

En el resto del mundo la llaman AI. Aquí seguimos diciendo IA. Siempre hemos necesitado cambiar el orden de las letras para convencernos de que somos diferentes.

Las empresas ya imprimen carne como quien imprime facturas. Rellenan huevos, diseñan enfermedades, venden remedios antes de inventar los síntomas y convierten cada catástrofe en un consejo de administración extraordinario.

Cuando no es una pandemia, es una dana. Cuando no es una dana, anuncian un tsunami como si el Mediterráneo hubiera decidido independizarse de la geología para obedecer a los departamentos de marketing del miedo.

Millones de personas viven pendientes de una alerta en el teléfono mientras cuatro tipos juegan al Monopoly con continentes enteros.

Y nosotros…

Nosotros seguimos discutiendo si el problema es el color de una corbata.

Infantino sonríe. Donald infla el pecho. Europa bosteza. Los parlamentos aplauden. Las televisiones traducen. Las redes sociales ladran.

Y la especie humana continúa buscando cobertura cuando lo único que perdió hace mucho tiempo fue la conciencia.

No. No nos estamos volviendo locos. Nos están acostumbrando a considerar la locura como el nuevo sentido común. Y ese día… ese día dejará de existir el último ser humano para convertirse en el primer espectador de su propia desaparición.

pedro de aparicio y pérez de Lucentis…

THOR.

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