El dispositivo contempla unas cuarenta grandes carpas blancas, además de zonas de descanso, enfermería, servicios sanitarios, atención social y seguridad. El resultado visual recuerda inevitablemente a uno de aquellos campamentos de la OJE: decenas de tiendas sobre una explanada, con sus correspondientes instalaciones auxiliares. La diferencia, sin embargo, es evidente. Aquí no se saluda con el brazo en alto ni suena Montañas Nevadas. No hay vacaciones, ni fuegos de campamento, ni actividades deportivas, sino personas que llevan semanas esperando una solución habitacional después de protagonizar una invasión de España a finales de julio.
Como no podía ser de otro modo, la decisión ha abierto un nuevo frente político. El Gobierno de Ceuta, presidido por Juan Jesús Vivas, ese hombre con aires de ser el corneta del campamento, ha calificado la utilización del puerto como un “grave error” y sostiene que se trata de una infraestructura crítica cuya actividad debe preservarse. Para el Ejecutivo autonómico, la prioridad debería ser acelerar las devoluciones a Marruecos y no crear nuevos asentamientos temporales.
La polémica se produce además después de que el Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria rechazara la instalación del campamento. El Gobierno central, sin embargo, ha recurrido a sus competencias estatales y ha autorizado finalmente la ocupación alegando razones de interés general y la excepcionalidad de la situación. Pasándose por el ‘arco del triunfo’ la legislación…
El rechazo también procede del empresariado. La Confederación de Empresarios de Ceuta (CECE) ha respaldado firme y sin reservas la negativa de la Autoridad Portuaria y reclama que el puerto no sea utilizado como solución improvisada a una crisis migratoria. Para los empresarios, se trata de una infraestructura estratégica para el comercio, el transporte y la economía de la ciudad. A quien esto escribe le parece que la ocupación de 16.000 metros cuadrados poco puede alterar la funcionalidad del puerto de Ceuta.
Mientras las administraciones no paran de arrojarse mierda y cruzan reproches y competencias, el campamento continúa levantándose. Y esa imagen evocadora resume paradójicamente la provisionalidad de una solución concebida para una emergencia que, semanas después, sigue sin encontrar una solución. Y, a buen seguro será el nuevo paisaje para los caballas que en breve se tendrán que marchar de sus viviendas y abandonar sus vidas…
La realidad es mucho más perturbadora si pensamos en Crevillente, Elche, Murcia, Torre Pacheco, Las Torres de Cotillas… ¿seguimos? Seguiremos, por desgracia…
José Antonio RULFO
