Para mantener su aura de hermetismo, los participantes alquilan todo un hotel durante toda la duración del congreso, normalmente de jueves a domingo. Agentes de la CIA y del Mossad Israeli se encargan de lpiar hasta la últa dependencia. Todos los planos del hotel y su perímetro están clasificados. Se investiga al personal del hotel, comprueban y exigen su lealtad ciega, sus antecendentes penales, las afiliaciones politicas y se manda a casa a cualquiera que levante la más mína sospecha.
Agentes de policía inspeccionan con perros cada uno de los vehículos de suministros. No queda nada remover y después escoltan a los transtistas hasta
El gobierno nacional anfitrión se responsabiliza de la seguridad de los asistentes y de su entorno. Ello incluye un generoso despliegue de militares, miembros de los servicios secretos, agentes de la policía local y nacional y guardias privados. Nada es mucho para proteger la intidad y la seguridad de los todopoderosos miembros de la élite mundial.
Cuando se reúnen, nadie de “afuera” tiene permitido acercarse al hotel. La élite lleva a sus propios cocineros, camareros, teleoperadoras, secretarias, lpiadoras y personal de seguridad, que les atienden junto con la plantilla del hotel que ha superado el proceso de investigación previo.
La conferencia de 2005, tiene lugar en el Dorint Sofitel Seehotel Überfahrt in RottachEgern, Bavaria, Munich. Un lugar histórico en los bancos del lago Tegernsee. Se trata de suites espléndidas en las que no faltan cuadros, estatuas y todo lo que el arte pueda ofrecer. Las habitaciones las paga la organización del grupo Bilderberg, a un modesto precio de 2.400 euros suite de lujo.
La comida corre a cargo de un chef poseedor de tres estrellas de la Guía Michelin. Uno de los criterios a la hora de escoger el hotel es la disponibilidad de los mejores cocineros del mundo. Otro, es el tamaño de la ciudad (debe tratarse de núcleos urbanos pequeños, que permiten alejarse de las miradas curiosas de los habitantes de las grandes urbes). Las pequeñas ciudades tienen la ventaja adicional de que permiten la presencia de “ asistentes personales” armados hasta los dientes.
Todos los servicios, teléfono, lavandería, cocina, están pagados. Según una fuente que también participó en la conferencia, no sería nada exagerado decir que uno de esos “festivales globalizadores” de cuatro días cuesta varios millones de euros, es decir más de lo que cuesta proteger al Presidente de los Estados Unidos o al Papa en uno de sus muchos viajes internacionales. Por supuesto, ni el Presidente ni el Papa son tan tantes como el Gobierno en la sombra que dirige el planeta.










