¡Y no había problemas de convivencia lingüística! Y el Tribunal Superior de Cataluña desmiente a Zapatero y obliga a una escuela a enseñar en español. El padre de la niña confesaba ayer en COPE que votaba a la izquierda. Un signo más de que las viejas divisiones ya no tienen sentido. No se queden sólo con Cataluña. En el País Vasco la situación es mucho más grave, que nadie se atreve a denunciar. La enseñanza pública no tiene modelo escolar en español. La ley lo contempla, pero la realidad lo niega. Es la forma de pasarse el estado de derecho el forro de la boina. ¿Y quién protesta? Lo hacen en la intidad. Los padres no saben vascuence (euskera es un neologismo creado Sabino, el racista, y tanto viene con una carga explosiva de ideología). Los hijos estudian en la lengua del poeta Lauaxeta, pero en el recreo manejan la de Unamuno con la misma habilidad que las canicas. El segmento de ocio, como la ley llama a ese tiempo cada vez más breve, es el terreno de la libertad, que pueden elegir. Los niños en la escuela con el vascuence y los padres en casa no saben qué aprenden, qué les enseñan, que historia mítica les cuentan, o qué héroes nacionales son los modelos de comtamiento para los chavales. Aquella ley vasca se hizo con la complacencia socialista. Algunos como Rosa Díez aprendieron la lección. Otros como Pachi López están dispuestos a caer en la misma piedra. Y ZP, en Melilla pide el mismo trato para todos los españoles. Debería darse una vuelta algunas escuelas ¿Y en Madrid? ¡Aguirre, haz obligatorio el inglés, de una vez! Y Madrid se escapa, a toda vela.
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