Un hombre deja de ser ridículo cuando se le ita. Para su desgracia, Blanco se ha quedado sólo. A su lado, Rubalcaba en compañía de otros, escuchaba frío la verbalización de la idea. Alfredo ponía cara de ser el autor de la maldad, pero carecía de la audacia suficiente para decirla. En su lugar puso a Blanco, que anda siempre sobrado. El grupo posaba junto a unas lápidas, que es un lugar que no se debe utilizar nunca para un discurso político que da la sensación de que se trata de una despedida, de que el que habla está a punto de marcharse. Blanco estaba rígido. Rubalcaba mostraba duelo en sus párpados caídos. El dolor se hizo agudo cuando Blanco abandonó el guión diseñado en una servilleta de papel y dijo lo de “espetativas”. El resto, aquello de que la manifestación del sábado no había sido contra ETA, lo clavó con parsonia, como quien cava su propia tumba, política, supuesto.
Había amanecido Madrid con el maná de la nieve, golosina para los niños que en la periferia madrugaron para hacer muñecos blancos, con ojos de tapa de conserva y nariz de zanahoria. Los diarios contaban manifestantes. Algunos se pararon en los doscientos mil, y añadieron la generosidad del “casi”, que no son tan mezquinos como algunos piensan. Mientras volaban pedazos de nieve como palomas en un Madrid soleado, leíamos en la prensa digital el últo comunicado de la banda: “la cosa va bien”, dice los de Antza y Kantauri. En Sevilla, Zapatero, entre un mar de banderas y rosas alquiladas, volvía sobre su obsesión: la legitidad de la victoria del 11 de marzo. De las víctas ni palabra. De la manifestación, ni una voz.
Entre el ridículo y el desprecio prefiero el prero. En su Tratado de la argumentación, Perelman dice que “el prestigio del jefe se mide su capacidad para poner reglas que parezcan ridículas y obligar a sus subordinados a que las admitan”. Espero que haya pocos afiliados que sigan el ejemplo de Blanco y Zapatero, que hace falta un prestigio sobrehumano para oponerse a la razón, a la dignidad y a la justicia. Y ellos no lo tienen, de momento.
Artículos Anteriores:










