Todos los que nos dedicamos al apasionante mundo de la comunicación sabemos que disponemos de un universo casi infinito de posibilidades. Precisamente, parte de nuestro trabajo consiste en escoger, de entre todo ese maremágnum, la fórmula más adecuada a cada momento y circunstancia.
Desde una posición splista se podría pensar que la complejidad de las soluciones debería ser equiparable al problema comunicativo que se nos plantea, pero no es así. La solución perfecta no tiene que ser una acción rebuscada y cara –cara en el sentido de ofrecer unos resultados muy debajo de los objetivos planteados y, supuesto, con un elevado coste—. La propia inercia del mundo en el que nos movemos provoca que, en no pocas ocasiones, tendamos a valorar positivamente aquéllas soluciones comunicativas más extravagantes y recargadas, pero no hay que olvidar que una solución comunicativa eficaz es aquella que responde a los objetivos y a las necesidades planteadas. La clave está en el planteamiento correcto de estos elementos ya que, bajo una premisa errónea, podemos desarrollar un proyecto que cumpla su cometido pero que sea totalmente inútil para las necesidades reales de la empresa.
Lejos de planteamientos splistas, una elaborada conceptualización puede dar como resultado una solución sencilla que cumpla con creces con todos los requisitos exigibles. Pero esta comunicación sencilla debe superar además un escollo a veces más complicado, la resistencia a lo sencillo. Jack Trout, en su libro El poder de lo sple, da algunas pistas en este sentido: “ Nos dirán que “todos sabemos eso”. Considerarán que nuestras respuestas sples son demasiado obvias y básicas. Exigirán más alternativas. Algo en lo que nadie haya pensado. (…) Nos acusarán de “perezosos”. Nos criticarán no habernos esforzado atando más ideas y sus datos de apoyo. Su premisa es que si tiene aspecto de complejo, habrá requerido mucho más esfuerzo que un enfoque sencillo carente de detalle. Aquí les diremos que Edward Teller, el famoso físico, aconsejó: “Perseguir la sencillez en la vida, en el mundo, en el futuro, es la empresa más valiosa”
Con esta singular navaja comunicativa de Ockam podemos afrontar cualquier reto comunicativo con plenas garantías. Pero, precisamente, hacerlo sencillo requiere un gran dominio del medio. Es mucho más fácil ofrecer una solución complicada que dar una solución sencilla. Para conseguirlo hace falta contar con un equipo profesional y creativo que no pierda de vista lo esencial en todo el proceso sin olvidar que, al contrario que en el principio del filósofo inglés, en comunicación lo acertado del resultado sí es tante.
Las grandes ideas son sencillas, las cosas tantes de la vida son sencillas, ¿ qué tenemos que complicar la comunicación?. Es posible dar soluciones comunicativas sples y, eso mismo, eficaces. En eso consiste precisamente nuestro trabajo: en hacer sencillo algo tan complicado como la comunicación empresarial.
Pablo Herrera
Director del Grupo BPMO










