Anado el últo aquelarre de los troglosocialistas americanos, Evo ha nacionalizado los recursos. Es decir, ha enviado a los soldaditos bolivianos, aquellos adolescentes a los que cantó el romántico Guevara, a tomar los pozos y los depósitos del gas y del petróleo, como quien los envía con recado de echar al extranjero. Morales ha sido el últo en llegar, y el prero en montar el gori. Es posible incluso que Chávez y Castro le hayan dado un par de palmadas en la espalda, en la lana de su jersey con polvo del altiplano, para anarle a dar el paso. A Repsol, la nacionalización le toca los tobillos, pero compensan el furrielazo con la excelente maniobra publicitaria de colocar su marca en la moto del doctor House. Anoche pillaron un buen tramo en el prer capítulo, con su logo dibujado en el lomo de esa máquina que reparaba la minusvalía del médico más célebre y cínico de
Presentado el problema, nos vuelve a la memoria la agen de la puerta de la Moncloa, y aquel Zapatero que saludaba al indígena en su prera visita a un país europeo, vestido con aquella prenda que se convirtió pronto en un manifiesto a rayas. Antes de nacionalizarlo todo, la izquierda siempre ha tirado de jersey. Parece mentira que no nos acordemos. Quien diga que se ha llevado una sorpresa es que acaba de nacer. La diplomacia española, su complejo de culpabilidad, su spatía ante regímenes como la dictadura castrista, el autoritarismo plebiscitario venezolano, y el indigenismo arcaico boliviano ha cosechado su prer triunfo. Morales se pasa los legítos intereses españoles el forro de su ruinoso idealismo. Las inversiones extranjeras, que ya empezaron a huir antes de que ganara las elecciones, saldrán de estampida. La seguridad jurídica que debe ofrecer se ha esfumado, y Bolivia regresa hacia los escalones más bajos y más corruptos del subdesarrollo. Con la colaboración, dirán los títulos de crédito cuando se termine la película de la miseria, del gobierno Zapatero.
Y atentos, que detrás del rostro en apariencia ingenuo de Morales se esconden los sátrapas de Cuba y Venezuela, atentos a ver qué pasa.
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