En la Tierra a domingo, mayo 17, 2026

El rostro de mi padre, por Eugenio Fuentes para la Revista Paisajes

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Por su interés, reproduciremos y publicaremos los trabajos finalistas del Premio Reflexiones que la Fundación AstraZéneca y Revista Paisajes han seleccionado para optar al mejor artículo de opinión en el ámbito sanitario.

El rostro de mi padre
Eugenio Fuentes
Revista Paisajes

Cuando yo llegue a la edad de mi padre, quiero tener su rostro: amable sin ser melifluo; curtido sin estar abrasado; mordido, pero no desgarrado los colmillos de la edad; con arrugas, pero sin cicatrices. Las arrugas son las estelas que nos dejan en la piel los besos que nos han dado, las lágras que hemos vertido, las preocupaciones, las sonrisas, los asombros que una mujer, un amigo, un libro, una ciudad o un paisaje nos han provocado. Si las arrugas corresponden a esa herencia de luces y de sombras, no será necesario que ninguna cirugía las rellene con la resina de la eterna juventud, que al mirarnos al espejo nos ofrecerán caminos para que ellos transite la memoria.

En general, la biografía del cuerpo lleva un paso acorde con la biografía del alma, y a un carácter austero le corresponde un rostro austero, y una cara estragada suele revelar una vida de excesos. Pero hay ocasiones en que la expresión bondadosa de un ángel oculta un espíritu arrugado y fétido, y, al contrario, bajo un físico monstruoso es esconde a veces la bondad de un ángel. A la literatura siempre la han atraído esos contrastes, y para demostrar el prer supuesto recuerdo ahora tres obras inmortales: el Fausto de Goethe, La piel de zapa, de Balzac, y El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. Para ilustrar el caso opuesto, la escritura torrencial y romántica de Víctor Hugo inventó NotreDame de Paris, esa estupenda novela donde la fealdad del jorobado Quasodo sólo halla parangón entre las gárgolas de las torres góticas de la catedral parisina.

Mi padre no se ha resignado a los estropicios de la edad y a cada una de las acometidas del tiempo él ha opuesto una serena y firme resistencia. Tres veces ha pasado un quirófano y las tres veces ha salido caminando más entero y más saludable que cuando salió. Una hernia, una arritmia y una catarata no han sido suficientes adversarios para herirlo ni para pedir sus movientos. Le gusta repetir que no ha engendrado a siete hijos ni ha trabajado sesenta años para que ahora vengan un siete que perfora su pared abdominal, un desconcierto arrítmico en su corazón o un filamento de nube que se ha colado bajo su pupila a pedirle disfrutar de todo lo que se ha ganado. Que no, que no. Ahora funciona mejor su espalda y puede sotar esfuerzos moderados, su corazón late con una regularidad de metrónomo y sus ojos ven con mayor nitidez, que es tanto como decir que camina sin tropiezos el mundo, que acepta las emociones del mundo y que mira hacia el mundo esperando las sorpresas que le depare el paisaje.

El rostro de mi padre
Eugenio Fuentes
Revista Paisajes

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