No está Aladino ni hay lámparas mágicas, pero es lo único que le falta para ser un escenario de las Mil y Una Noches. Tras una hora y media de vuelo (con Iberia, no en alfombra mágica) y con una hora menos en el reloj, aterrizas no sólo en otro continente, sino en otro siglo. Marrakech, sus plazas, sus zocos, sus encantadores de serpientes, sus vendedores ambulantes y sus acróbatas nocturnos, te transtan a un mundo de sensaciones. ‘La perla del Sur' alberga en su interior noches de misterio, de danzas exóticas, de cánticos y aromas penetrantes…
A 10 Km del centro de la ciudad de Marrakech sobre la carretera del Ourika, aparece en medio de la oscuridad, Villa Margot, un verdadero remanso de paz en el que reposar después de las intensas sensaciones vividas. El hamman, un baño turco con aceites esenciales y sales, es una excelente opción para finalizar el día.
Villa Margot presiona desde la entrada. Su patio de agua resulta todo un espectáculo, sobre todo en la oscura y estrellada noche. Un pasillo de luz en la oscuridad, que lleva a la recepción del riad, a través de un suntuoso jardín.
Dentro, un ambiente luminoso y confortable. Los muebles de cedro masivo, los baños de mármol, su jardín con tumbonas y piscina clatizada, los magníficos desayunos (a base de crepes, fruta, bollos recién hechos y mermelada) y la amabilidad de su servicio, y de los propietarios Virginie y Bruno Guillet, hacen de Villa Margot el sitio ideal para unos días de absoluto relax…
Todas las habitaciones cuentan con una terraza privada, con salida al jardín, cuarto de baño en mármol con bañera (2 personas) y doble pila, WC separados, dressing, wifi, lector DVD, MP3, CD, TV satélite, pantalla LCD, WIFI, caja fuerte, mini bar, 3 ambientes luminosos (juegos de luces), en definitiva, todas las comodidades para una estancia idílica y confortable.
Para cenar, nada mejor que Le Comptoir. Un restaurante con
carta tanto marroquí como internacional, que ameniza sus noches con bailarinas del vientre y música en directo. En la planta alta, un bar de copas, con exquisitos coctel (sobre todo los mojitos), luz tenue, música no demasiado alta y charlas anadas. La gente muy spática y cercana. El director de Le Comptoir, Juan Tena, un español de San Sebastián, que también dirige otros restaurantes en distintas partes del mundo, pasa su tiempo viajando de uno a otro para conseguir que todo esté perfecto. Y lo está. La prueba es que no se puede ir ningún día de la semana sin reserva previa. Y vale la pena repetir.
La carta es variada y las coreografías de las bailarinas, así como su vestenta, cambian noche tras noche, haciendo de Le Comptoir un lugar cosmopolita donde el Occidente se mezcla con el Oriente. Y no es raro encontrarse con algún personaje conocido. Javier Sardá, se ha dejado caer más de una vez este lugar de moda de la noche marrakechí.










