Fue un ejercicio torpe de mediocridad política. El segundo debate nos lo podían haber ahorrado. No han atado nada nuevo. Así que me negaré a dar ganador, que creo que perdieron los dos, y sobre todo no habrán conseguido añadir, me temo, ningún votante nuevo a los ya convencidos.
Rajoy repitió el mismo debate de la prera edición: negativo, crítico con la legislatura de Zapatero, eficaz en su discurso económico, pero torpe en el recrearse en la guerra de Irak, valiente en el tratamiento de la inmigración pero flojo a la hora de destacar su oferta de consensos al otro partido. De un candidato se espera más, se espera que marque propuestas, y que hable del futuro, pero para Rajoy fue el debate de la hemeroteca y de los gráficos, muy bien preparados el servicio de postproducción del PP.
Zapatero estuvo nervioso. El espectador traga con dificultad a los que cortan el discurso del oponente. Se le vio débil en el discurso económico, errático en la inmigración, eficaz en asuntos exteriores (cuando lo tenía casi todo en contra) y poco convincente en asuntos sociales como la vivienda. Pero hizo una buena despedida, digna de la más lírica de sus guitarras.
Novedades, ninguna. Sorpresas, tampoco. Propuestas nuevas, cero. Ilusión para votarles, cercana a la nada. Un tongo.
ALFREDO URDACI, PERIODISTA










