Pedrojota no nos ha hecho esperar. Hoy su periódico presenta una especial cobertura sobre el juicio Gallardón vs Losantos. En su editorial, pone de manifiesto que el Alcalde se ha equivocado al sentar en el banquillo a un periodista, que supone el final de la libertad de opinión, y de ganar, los periodistas sufriríamos restricciones. Sobre los insultos cuestionados, apela a la espontaneidad del lenguaje radiofónico.
Toda una página en la sección de información nacional en la que desde el titular defiende la versión de Losantos. ‘Losantos dice que no injurió a Gallardón y defiende que sólo hizo crítica política'. Para empezar a apoyar este titular: ‘Un político sentó ayer en el banquillo a un periodista, una agen insólita en la etapa democrática de España'. Después, lo que esta querella significa para el periodista de la COPE, y la multa a la que se enfrenta.
Más adelante, y solamente después de dejar esto claro, se detiene en repasar las declaraciones de los testigos, así la noticia repasa y menciona cuáles de estas manifestaciones fueron útiles para la defensa y cuales dejaron claro, no si los insultos fueron pertinentes o no, sino, si las posturas de los comparecientes se refirieron a la actitud política de Gallardón como desleal.
¿Las cosas que se dicen en la radio no se deben tomar en serio? Según el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, no. Tras su comparecencia en el juicio como testigo del demandado, Pedrojota escribe hoy su editorial, alertando a la justicia, personificada en la juez que instruye el caso. ‘Esperemos que el fallo judicial se atenga a la doctrina de nuestro Tribunal Constitucional'. Y asegura que Gallardón no tiene derecho a demandar a un periodista, ser dirigente político. Y añade, las palabras del director de La Mañana ‘se produjeron en un medio tan específico como la radio, donde la vehemencia y la espontaneidad son características de cualquier tertulia'.
Podría entenderse según las palabras del director de El Mundo, que cualquier cosa que se diga en la radio es susceptible de no ser tomada en serio. De tal modo, que cualquier periodista tendría patente de corso para decir lo que quiera sobre cualquiera, 'la espontaneidad del lenguaje radiofónico'.
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