Los trabajadores de la construcción empiezan a hacer cola en las filas del paro. Les siguen los del sector industrial. Antes de que acabe este año, serán los proveedores de ambos sectores debilitados los que se quedarán sin empleos. Ya son 380.000 personas las que han perdido su trabajo en el últo año, cuando estábamos acostumbrados a crear más de un millón de puestos anuales. No son buenas noticias.
La caída del empleo entre abril y mayo, en más de cincuenta mil personas, meses de habituales subidas, presagia un final del 2008 nada halagüeño, con los indicadores del creciento económico, además, bajando cada día. La desconfianza se ha apoderado de la economía y ha frenado el consumo de las familias, que supone casi el sesenta ciento del PIB español. Es la desconfianza, en esta ciencia tan emocional como es la Economía, la que induce a acrecentar su deterioro. El ministro Solbes, o su par en la oposición, Montoro, pueden hablar de un punto de creciento arriba y abajo (2,3 este año). Pero no es eso lo que afecta a las familias sino la sple percepción de que la burbuja inmobiliaria les está estallando sobre sus ahorros, tras la prodigiosa década del ladrillo, y que pueden quedarse en paro.
No sólo han descendido las ventas de casas y coches (40 y 27% respectivamente). Lo peor para las familias españolas es la presión de que pueden perder el empleo al extenderse como un reguero de pólvora la sensación de la crisis. Los indicadores cifran en el 48,7 ciento la caída del optismo de las familias en el consumo. Eso, traducido al lenguaje común, indica que los bares no tienen un lleno total, los grandes almacenes bajan sus ventas, las terrazas están semivacías y, además de las inmobiliarias y los concesionarios, las agencias de viajes no cuadran sus ganancias. Pues en tiempo de recesión, ya se sabe, el decálogo aconseja ajustarse el cinturón y propiciar despidos, aunque sea ésta la excusa ideal para adelgazar un poco más la nómina de las empresas. Hablar de crisis, y eso lo saben todos los expertos, no combate la crisis. Más bien la alenta y genera un autoajuste social del que siempre salen aún más favorecidas la banca y las compañías financieramente fuertes.
La semana pasada, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en un Foro Económico, invitado José Manuel Lara, presidente de Planeta, esbozó algunas medidas inmediatas para paliar la que se avecina, todas de poca monta. Esta semana en el Congreso se planteó otro paquete. Mientras que el sector de la construcción pide ayudas fiscales para el comprador, la prevista escalada del euríbor hasta el cinco ciento tampoco ayuda. Se aconseja calma. Las crisis económicas son cíclicas. Es el ajuste natural de los mercados y siempre se sobrevive a ellas.
CONCHA MINGUELA, DIRECTORA DE ‘GENTE DE MADRID'










