La Seguridad Vial y la reducción de la siniestralidad son temas tan tantes que incluso la Iglesia ha decidido tomar cartas en el asunto, con la celebración, ayer, de la Jornada sobre Responsabilidad del Tráfico, que pretendía aumentar el conociento sobre la Pastoral de la Carretera, un documento ‘poco conocido' entre los propios obispos, como ellos mismos reconocen. En ella, el quinto mandamiento (‘No matarás') recibe un nuevo significado.
Un vehículo mal conducido se convierte en un arma peligrosa para sus propios ocupantes, así como para el resto de usuarios de la vía. Por eso, según se desprendió de la jornada de ayer, ‘en la base de los principios éticos ha de ponerse siempre la consideración de los peligros que para las personas y los bienes se derivan de la conducción vial', haciendo cada día ‘pedagogía a favor de la cultura de la vida'.
Y es que la Iglesia nos habla más de movilidad de lo que podríamos creer, como demuestran los pasajes de la Biblia citados los obispos, en los que se habla de la vida de Jesús como ‘un caminar continuo'. Por eso, reitera la Pastoral, ‘el que conoce a Jesucristo es prudente en la carretera', ya que ‘está comprobado que una de las raíces de muchos problemas inherentes al tráfico es de orden espiritual'.
Además, el conductor católico debe hacer gala en la carretera de las mismas virtudes que fuera de ella: templanza (evitando los excesos de velocidad), caridad (no poniendo en peligro la vida de los demás), cortesía y espíritu de servicio con otros conductores y paciencia con los principiantes, peatones y ancianos. Pero no sólo a los conductores se refiere el documento, sino también a las víctas, que deben aprender a ‘perdonar al agresor, como signo de madurez humana y cristiana'.
Pero la Iglesia también tiene su propia función en este sector: denunciar los peligros derivados del tráfico, las causas de los accidentes (condiciones del asfalto, circunstancias ambientales…), así como las derivadas del factor humano (negligencias, ligerezas, arrogancia…). Por este motivo se ha creado la misión de apostolado en la carretera, entre cuyos destinatarios se incluyen conductores de camiones y autobuses, turistas, responsables de la seguridad del tráfico, distribuidores de carburante y personal de los restaurantes de carretera.
Se trata de una encomienda de la Conferencia Episcopal a la Comisión Episcopal de Migraciones, con el objetivo de suscitar, promover y coordinar a nivel nacional el apostolado de la carretera, que cada obispo debe pulsar y organizar en su diócesis. Aunque aún son poco conocidos, según la Conferencia, multitud de obispos los han puesto en marcha ya, e incluso se ha creado un Departamento de Apostolado de la Carretera.
En definitiva, un motivo más para que los que son católicos tengan cuidado cuando conducen. Aquellos que no lo sean, tendrán que seguir pensando en la justicia, los puntos y el valor de la vida propia y la de los demás.
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