El 42% de las personas que ha sufrido un accidente de tráfico no se puede incorar con normalidad a su trabajo. De hecho, se considera que son precisamente las secuelas psicológicas que se sufren tras los accidentes, las consecuencias más graves. Este dato se deja ver en el hecho de que el 23% de quienes han sufrido un siniestro en la carretera tiene miedo a conducir. Sin embargo, según Javier Díaz Calero, psicólogo experto en Amaxofobia, del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, esta fobia ‘puede aparecer en cualquier momento de la vida de un conductor’.
Javier Díaz Calero señala en su columna ‘¿Quiénes son susceptibles de padecer Amaxofobia?’, publicada en prseguridad vial, que esta fobia ‘puede aparecer en cualquier momento de la vida de un conductor, siendo un trastorno en el que no se distingue ni edad, ni sexto, ni condición socioeconómica, ni experiencia como conductor’. Sin embargo, igualmente admite que los conductores susceptibles de padecer amaxofobia pueden ser aquellos conductores que no superan los dos preros años de conducción, período normal para adquirir un sentiento de autoconfianza; los que poseen alta experiencia, con más de cinco años de conducción; y, últo, aquellos que han sufrido accidentes de tráfico o personas allegadas a ellos.
De hecho, según un reciente estudio publicado Fundación Seguros Lagun Aro y Stop Accidentes, el 23% de las personas que han sufrido un accidente en la carretera tiene miedo a conducir. Asismo, destaca que 11,5 millones de españoles, un 25% de la ciudadanía, ha padecido las consecuencias de un accidente de tráfico en su entorno familiar, lo que la densión de esta fobia podría ser elevada.
En lo que se refiere al trato tras el siniestro, las víctas y sus familiares tienen mucho que decir. De hecho, denuncian que hasta el momento la seguridad vial se ha centrado en aspectos relacionados con la prevención de accidentes, pero no tanto en paliar sus consecuencias, una vez que inevitablemente se producen.
Este mismo estudio recalca como mejorables la atención prestada a los accidentados, el proceso judicial y la asistencia psicológica. Por otro lado, se valora positivamente el atestado policial, las aseguradoras y la asistencia sanitaria. Sin embargo, una de las principales peticiones de las víctas reside en la asunción parte de las compañías aseguradoras de un compromiso deontológico que garantice un mejor trato a las víctas en el aspecto económica, y en especial, en el aspecto emocional. De hecho, también se reivindica la necesidad de generalizar los servicios psicológicos de ayuda a familiares en accidentes graves. Y es que de esta forma, les será más fácil volver a su día a día.
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