viernes, 26 febrero, 2021

ESTRATEGIA DEL PASADO: VIAJES POR PROVINCIAS Y JUAN CARLOS I EN LAS FELICITACIONES DE NAVIDAD

Zarzuela y Moncloa aquilatan el discurso de Felipe VI en Nochebuena

MÁXIMA EXPECTACIÓN ANTE LAS PALABRAS DEL MONARCA EN TV HACIA SU PADRE

La expectación sobre qué dirá el Rey en el mensaje de Nochebuena es máxima. Tan es así, que, la Casa del Rey y el Gobierno, perfilan ya el discurso que marcará un antes y un después. El mensaje del monarca es tradicionalmente revisado por el ejecutivo, un trámite institucional que apenas requiere el visto bueno de Moncloa. Sin embargo, este año las palabras de Felipe VI cobran más significado que nunca. La regularización fiscal de su padre y los escándalos de presunta corrupción cierran un “annus horribilis”, que diría la Reina Isabel II. Felipe VI suma a todo ello el posible regreso del Emérito por Navidad, lo que daña gravemente su ejercicio y la reputación y transparencia, que él mismo ha impulsado.

El vértigo sobre las consecuencias de lo conocido y lo que queda por conocer se ha instalado en Zarzuela, que paralizada, continúa con una estrategia antigua y poco efectiva, como organizar viajes a los Reyes por provincias o a la propia Reina para realizar labores sociales. Lejos de vislumbrarse un pacto de Estado con gobierno y oposición que ponga freno al declive de la institución, la Casa del Rey ha difundido felicitaciones de Navidad del Emérito a los españoles.

Una cuestión marca el interés de millones de españoles ante el discurso de Felipe VI: su posicionamiento ante las revelaciones sobre la fortuna opaca de su padre y las derivadas del escándalo. El mensaje hará alusión a la pandemia y las consecuencias económicas y sociales de ésta, que han marcado este 2020, pero la expectación está puesta en la alusión hacia su padre y los escándalos financieros, que ahora quiere regularizar para evitar el procesamiento.

El descontrol mostrado por Zarzuela en torno a la crisis provocada por Juan Carlos, ha sido hasta ahora extraordinario. Aprovechado por los partidos que abogan por la República, entre ellos el socio mayoritario del gobierno, la Casa del Rey ha seguido con su agenda habitual, para mostrar la cercanía de los monarcas, como si nada ocurriera en su entorno familiar. A ello se unen las voces on y off the record, de los monárquicos que insisten en el reconocimiento histórico de Don Juan Carlos por lo que hizo por España. Ambas acciones no hacen más que agravar una situación endiablada para la institución y, especialmente, para Felipe VI. Y es que cuanto más grande se quiere hacer la figura de Don Juan Carlos, más grave presentan su comportamiento.

Conscientes de ello, las formaciones partidarias de la República, incluso las que dicen haber llegado a Madrid “para cambiar el régimen”, como eh bildu, aprovechan la parálisis existente en Zarzuela, para azuzar aún más el descrédito, que la mayoría de la sociedad española le otorga a Juan Carlos I. Lejos de poner en práctica una estrategia destinada a tomar acciones precisas y de informar sobre los pasos a seguir, la Casa del Rey ha optado por difundir felicitaciones de Navidad del Emérito, con el consiguiente cabreo y sorpresa.

La iniciativa responde a la ausencia de un plan estructurado con el que demostrar la posición del actual Rey frente a la actuación de su padre. Juan Carlos I sigue siendo Rey, Emérito, pero Rey, y esa, y sólo esa, puede ser la respuesta a semejante torpeza. En cualquier caso, los asesores de Felipe VI, podían haber previsto antes las consecuencias de difundir la felicitación, para evitar lo que es considerado como una altanería de Zarzuela, cuando no un debilitamiento aún mayor de la Institución y del propio Jefe del Estado.

Felipe VI se encuentra indefenso ante la ausencia de una estrategia que marque su posición con respecto a su reinado en una crisis inconmensurable. La opacidad de Zarzuela no contribuye a perfilar su liderazgo y su padre no se lo pone fácil mientras siga siendo Rey. Las noticias que prevén el regreso de éste, ya sea en Navidad o cuando sea, tienen consecuencias para él y para la monarquía, ya que afectan de lleno a la institución.

Mientras el Emérito no afronte sus problemas con la Justicia como un ciudadano más, la crisis se agravará.

Zarzuela lejos de ir más allá y prever las reacciones a medio y largo plazo, conjuntamente con el Gobierno y la oposición, como una cuestión de Estado, mantiene el foco en el descrédito de Juan Carlos I, como si el descrédito hubiera forma de pararlo ya. O en comentar en of the record, las informaciones que sugieren que regresará en estas fechas, restando importancia al relevante hecho de la vuelta del Emérito, se produzca cuando se produzca.

Juan Carlos I no tiene prohibida su vuelta a España y, por tanto, lo podrá hacer cuando quiera, bien sea por él mismo o por un requerimiento judicial. ¿Qué va a hacer Zarzuela cuando suceda? ¿Es consciente la Casa del Rey de la gravedad de la situación actual y de la deriva de ésta?

Regularizar la situación fiscal no evita el descrédito. Poner el foco en ello es una táctica cortoplacista. En el caso de que no se le pueda juzgar por presuntos delitos cometidos antes de su abdicación, el daño al Jefe del Estado es ya extraordinario por el descrédito provocado y por la hoja de ruta tomada por los partidos que conforman el gobierno y gran parte del arco parlamentario. Ni siquiera el Ejecutivo defiende al Rey. Pedro Sánchez mantiene una situación equidistante, haciendo equilibrios para no molestar a sus socios de Podemos y a la vez preservar el espíritu constitucional tradicional de su partido. Y el principal partido de la oposición, el PP, navega entre las aguas del discurso de férrea defensa de Vox y el complejo de ser tachado de poco centrista en el que está inmerso. No hay más que recordar las palabras de la popular Ana Pastor cuando hace unos días le preguntaban por la noticia de la regularización de la fortuna del Emérito: “Esa persona por la que usted me pregunta……”, dijo en alusión a Juan Carlos I, para ni siquiera nombrarle.

El discurso de Nochebuena es la ocasión para abordar la crisis institucional y en ello trabajan Moncloa y Zarzuela. Pero más allá del día 24 de diciembre, ¿qué van a hacer con Don Juan Carlos?

Seguiremos buscando las CLAVES de la Comunicación…

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