lunes, 28 noviembre, 2022

EN ‘LEO HARLEM, 20 AÑOS NADA’, DISPONIBLE DESDE ESTE VIERNES 1 DE ABRIL EN MOVISTAR PLUS+

Leo Harlem repasa sus 20 años sobre los escenarios: “El humor tiene un valor terapéutico increíble”

“VEO COMO ESTAMOS CAMBIANDO Y ME RÍO DE ELLO”, EXPLICA EL CÓMICO

Leo Harlem celebra sus 20 años con un espectáculo único donde repasa su vida desde su faceta personal y profesional. Hablamos con él para conocer más detalles acerca de este especial. “Tenemos que poner en valor el humor. Ojalá algún día se tome más en serio”, señala.

20 años no es nada… ¿O sí lo son? Cuando Leo Harlem se subió por primera vez a los escenarios se acababa de implantar la moneda única en Europa, España aún no se había proclamado campeona del mundo en fútbol e Internet comenzaba a democratizarse y extender sus redes por nuestro país. Eran otros tiempos, concretamente los principios del siglo XXI. Durante los años que han pasado hasta llegar a 2022, Leo Harlem se ha convertido en uno de los cómicos más reconocidos de nuestro país.

Nacido en la comarca del Bierzo (León), pero criado en Valladolid, Harlem celebra 20 años sobre los escenarios. Y lo hace con un especial donde su vida y su carrera como humorista. El espectáculo, producido por  Globomedia (THE MEDIAPRO STUDIO) y grabado con un gran éxito de público en el Teatro Rialto de Madrid, está disponible desde este viernes 1 de abril en exclusiva en Movistar Plus+.

¿Te imaginabas haber llegado hasta aquí?

Hombre, nunca piensas que sea lo tuyo como algo profesional. Por lo menos al principio, pero yo tenía gracia. Los chistes se me quedaban, imitaba muy bien a los profesores, era simpático, en el autobús con el colegio me sentaba atrás haciendo el capullo… Entonces sabía que tenía cierta vena humorística. Ahí lo fui notando, y luego con algunos castigos (ríe).

¿Cómo fueron tus primeros pasos?

La primera actuación fue por una jugarreta de un amigo, una broma. Era en un local, Mariano Salamandra, que actuaba gente importante. Venía El Gran Wyoming o cantantes también… Entonces él se reía mucho conmigo. Cuando cerraba el bar e iba al suyo me decía “un día tienes que venir actuar, te voy a hacer un cartel”. Y yo creí que era de broma. Y me puso Leo Harlem en el cartel y me dijo ya no te puedes echar atrás.

Luego, a raíz de eso, hice cinco actuaciones y me dijeron manda un video a El club de la comedia. Y lo fui dejando y lo grabé el último día a las seis de la mañana. Junté a cinco amigos en el bar de este, que abrimos a las cinco de la mañana, para poder grabarlo. Y ese video se mandó al programa. En realidad todo fue una especie de trampantojo de engaños y al final bien.

¿Qué diferencia hay entre subirse a un escenario para hacer un monólogo y rodar una película?

Tengo una comparación que hago y es mi opinión personal. El cine es industria y es el espectáculo que más trabajo accesorio lleva. Tú vas a hacer una película y hay 60 personas que han madrugado y que han preparado luces, focos, maquilladores, equipo… Tú estás allí esperando. El cine esperar una toma, otra, desde este ángulo, hasta que tienes la buena.

El cine es, básicamente, industria y esperar mucho tiempo. Sin embargo, en el teatro, las actuaciones son en directo. Yo llego al teatro una hora y media antes de comenzar la función. Hacemos un repasillo con los compañeros, probamos micrófonos y demás, y una vez que te tiras al agua, a nadar. Se puede olvidar uno de un trozo del texto, puedes salir por el lado que no era… Pero en dos horas está fulminado, está hecho. Cada actuación es única. Sin embargo, el cine es distinto. La mentalidad con la que hay que abordarlo es totalmente distinta porque son dos espectáculos totalmente distintos.

¿Querías ser humorista cuando eras un niño?

No, para nada. Yo de pequeño quería ser un buen futbolista. Porque en nuestra época yo tenía fascinación. Cuando vino Cruyff… A mí me encantaba jugar al fútbol, era muy futbolero. Ahora ya no, me he desenganchado mucho del fútbol. Luego con los años me hubiera gustado ser un buen guitarrista de rock and roll. O un punki bueno, que los hay. Me hubiera gustado ser algo de eso, pero como una cosa accesoria.

Yo empecé a estudiar arquitectura y luego estudié derecho, que no le he acabado. Pero yo intentaba orientar mi vida hacia una profesión con futuro. Estudios superiores, una carrera… Lo que hace todo el mundo. Pero han ido surgiendo las cosas así y he estado muy a gusto. Si hubiera estado a disgusto lo hubiera dejado. Jamás he sido de hacer muchos castings. Me han ido llamando para hacer cosas, han ido saliendo bien y me han vuelto a llamar. Cuando me he querido dar cuenta han pasado 20 años.

¿Las fotos que se proyectan en ‘Leo Harlem, 20 años no es nada’ las elegiste tú?

Yo mandé una batería de fotos porque no tengo muchas mías. A lo largo de mi vida tendré unas 30 fotos. Entonces han escogido lo que han podido. Algunas son muy simpáticas porque son de cuando trabajaba en el bar. Cuando nos disfrazábamos en Carnaval y demás. Hay algunas muy buenas.

Realmente la idea no surge de mí, sino que fue la productora. Pensaron que era un formato bonito, que tenía una parte romántica y de cariño… Ofrecer una panorámica de mi tiempo en el mundo del espectáculo. Me llamaron, nos pareció buena la idea, empezamos a trabajar en conjunto y el resultado está aquí. Es un programa de unos 70 y pico minutos.

Sólo hicimos el espectáculo en directo un día, pero hay que meterse presión. Si haces dos, lo mismo aflojas más. Entonces fuimos ahí y ha ido muy bien. Estoy contento. Si hubiera sido por mí no lo hubiera hecho, pero cómo surgió la idea por parte de otros pues nos metimos en el barco y muy bien.

¿Qué es lo que más has disfrutado a lo largo de estos 20 años?

Lo que más he disfrutado es conocer a gente muy interesante, para empezar. Y luego también esta profesión me ha permitido recorrer España de cabo a rabo, y otros países. Cuando viajas y trabajas tienes otra perspectiva de las cosas porque estás en diferentes comunidades y actúas para diferentes públicos. Yo afortunadamente tengo un registro que es muy amplio. Me puede ver desde el abuelo hasta el nieto.

Entonces he trabajado para mucha gente y he conocido gente muy interesante. Creo que es también muy importante poder ayudar. Parece mentira pero el humor tiene un valor terapéutico increíble. Las situaciones que me he encontrado de la gente… No ya en la pandemia, sino antes. “Oye, es que mi hermano estaba con un cáncer y te veía en el hospital y se alegraba mucho”. Estas cosas te las agradecen muchísimo. Son cosas muy bonitas que te tocan mucho.

¿Cuál es la situación más surrealista que has vivido durante tu carrera?

He vivido todo. He vivido cosas muy raras. Una vez una mujer se meó en un espectáculo. Yo la veía y pensé que se moría. Al acabar vino el marido y me dijo “oye, nos hemos reído mucho, ahora viene mi mujer que ha ido a cambiarse porque se ha meado viva”. Y la tía se meó. Luego otro tío se nos desmayó. Empezó a reírse y dijo que se le había olvidado respirar. Cayó allí como un choto. Son situaciones muy divertidas, lo hemos pasado muy bien (ríe).

¿Cómo vives esto de los límites del humor? ¿Piensas que hemos perdido capacidad para reírnos?

Creo que parte de uno mismo. ¿Yo de qué hago humor? No hablo de política, no hablo de mujeres, no me meto en líos. No hablo de drogas… Hago un humor sociológico. Veo como estamos cambiando y me río de ello. Esto de que todo el mundo tiene que estar físicamente perfecto, comer kinoa, tofu… Entonces yo esas cosas sí, pero no. Soy un escéptico. Que haya que estar todo el día haciendo deporte pues sí, pero no. Y que haya que tomar cubatas con 50 cosas dentro sí, pero no…

Sí que es verdad que los límites me los pongo yo. No tengo necesidad de hablar de esto, si ya tengo temas que me hacen mucha más gracia y con los que me lo paso mucho mejor. Si tú te orientas por ejemplo hacia la política, te quitas un montón de público. Y si además haces bromas de un partido, el otro se mosquea… En el humor pasa igual. Si te metes con las mujeres te pueden hasta boicotear el espectáculo.

El humor vive también de la exageración. Hay unos límites, yo creo, tolerables. El problema es cuando todo el espectáculo está enfocado a dar caña. Un poquito de pimienta en el plato se puede echar, pero un plato solo con pimienta no existe. Yo creo que parte un poco del propio artista decir voy a controlarme, voy a decir otras cosas…

¿Hay algún chiste tuyo que haya sentado mal?

No, pero ahora hay una reacción fuerte al hablar de un puticlub. Hacer un chiste de un puticlub ahora mismo tal como está el tema de la mujer, la prostitución y tal… ¿Qué haces? Pues lo quitas. Pero es que el puticlub siempre se ha utilizado como una ubicación. Vas conduciendo por la carretera y ves las luces… Sí que es verdad que cualquier tema, por pequeño que sea, puede provocar fricción. Yo, sin embargo, he actuado para gente discapacitada y ellos hacen chistes, entre ellos, más brutos de los que pueda hacer cualquier humorista. A mí me gusta mucho el humor de reírnos de nosotros mismos. Creo que es lo más sano.

¿Cómo ha evolucionado t u humor a lo largo de estos 20 años?

Ha evolucionado una barbaridad. En primer lugar, técnicamente te afinas más. Elaboras mejor las frases, el ritmo, los nervios también están más templados… Pero sí que es verdad que nunca terminas de cerrar los temas. Yo, en directo, cuando los cuento nunca los cuento igual. Me guio mucho por las reacciones del público. Entonces hay veces que cambio el orden de los temas o los reoriento.

Como los he escrito yo es una gran ventaja porque cuando escribo un texto tengo más o menos la estructura. Según el público me adapto. Yo antes no dejaba ni aplaudir ni respirar al público. Era una ametralladora. Ahora les voy dando más aire y disfrutan más. Además, las reacciones del público te retroalimentan. Es lo bonito del directo.

Has presentado y participado varios formatos en televisión como ‘El Paisano’ en TVE o ‘El club del chiste’ en Antena 3. ¿Cuál es el que más has disfrutado?

El paisano me gustó mucho por el tema personal. He conocido a gente muy interesante, me lo he pasado muy bien… Ahora he trabajado… Porque es un formato que se graba durante muchísimas horas para lo que es el programa en sí. Con El Paisano me lo he pasado muy bien y he conocido sitios espectaculares. Nosotros estamos acostumbrados a viajar a poblaciones importantes, a ciudades grandes. Pero claro, ir a pueblecitos y estar allí… Me lo he pasado pipa. Era muy duro a la hora de grabar, pero muy gratificante. De hecho, a algunos sitios he vuelto a nivel personal.

¿Qué te queda hacer profesionalmente?

Tocar la guitarra (ríe). No, nada. Me queda poquito, retirarme y dejar sitio a los demás. Creo que es importante saber que cuando llegas a una edad, hay que decir vámonos. Afortunadamente tengo un tipo de humor, para mí espectro de edad, que está bien. Todavía me queda público. Pero entiendo que hay cosas… Por ejemplo, yo no hablo de la Play Station porque no sé ni encenderla. Todo tiene un registro, una edad… A lo mejor me dedico a escribir o hacer el guion de alguna película. Eso sí me gustaría porque me parece muy bonito.

¿Has visto que haya aumentado el público infantil en tus actuaciones desde que has hecho películas como ‘Padre no hay más que uno’, ‘El mejor verano’?

Mucho, sí. Y de hecho cuando voy por la calle los niños me dicen tío Paco, tío Paco… Para mí es muy bonito porque lo agradezco mucho y porque los niños son unos fans increíblemente majos. A mí me han hecho unos regalos… Creo que es bonito que se haya recuperado el cine familiar. Ahí pegó un aldabonazo Santiago Segura con ese tipo de películas y ya se está generando un tipo de cine que estaba muy olvidado.

Es bonito que las familias hagan planes con los chavales para ir al cine. Ha generado una dinámica muy positiva de que los niños también vean espectáculos en directo, que vayan a las salas… Eso es muy importante porque ahora vivimos en un mundo en el que la gente joven recibe todo en casa. Hace falta recuperar un poquito la calle y la actividad conjunta.

Me quedo con una frase tuya: “El humor es terapéutico”

Sí, es así. Pero pasa una cosa, y yo también lo entiendo. No vas a meter en el mismo saco a Ben-Hur y a El apartamento. Pero El apartamento es mucho mejor que muchas películas pretenciosas y muchas películas serias. El humor siempre tiene un punto que te renueva. A mí hay muchas veces que cuando termino un espectáculo me dicen oye, gracias, he pasado una hora estupenda. He cargado las pilas y me he olvidado de todos los problemas.

A mí lo que más me gusta del humor es no que te valga en el momento, sino que te haga gracia después. El humor es muy necesario y hay que ponerlo en valor. Creo que algún día se tomará más en serio porque ahora estamos estudiando cosas que no hay que estudiar. Estamos estudiando animales que a mí me la traen al pairo. A mí el ornitorrinco, no tengo nada contra él, pero es feo. Es un animal que no… Vamos a estudiar el humor, vamos a estudiar por qué la gente se ríe, que es lo que la hace disfrutar… Eso es muy chulo. El buen humor humaniza mucho y te da un nivel intelectual grande. Te despeja la mente y te prepara para otras cosas.

¿Quién es tu humorista favorito?

Me gustaba mucho Gila en su momento. Algunos monólogos suyos eran espectaculares. Pero no tengo predilección por uno más que otro.

¿Qué humorista destacarías de la actualidad?

Hay muchísimos. Al final si dices uno y no dices a otro parece que estás haciendo un agravio comparativo. Yo por ejemplo a Goyo Jiménez le llamo el Bruce Springsteen del humor porque hace dos horas y media de monólogo. Al tío no le vale con hacer una hora o hora y pico. Pero lo bonito es que se han generado estilos muy distintos.

Ahí tienes a Luis Piedrahita que hace un género más intimista, un tipo de humor más recogido; Goyo es más expansivo, más salvaje; Dani Rovira contacta con un  público más amplio… Hay una diversidad y un abanico espectacular. Y ahora las chicas que se están incorporando también es una pasada. Se están haciendo unas cosas a unos niveles muy potentes. Y saltándose clichés incluso. Está bien que las chicas se pongan un poco brutas y digan cosas de tíos o los tíos que digan cosas de tías…

Seguiremos Informando…

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