En la Tierra a jueves, julio 4, 2024

LA RELACIÓN CON LA PRENSA CRÍTICA HA PASADO A SER INEXISTENTE

Los seis años de Sánchez: de su obsesión por el relato al veto mediático

MONCLOA TIENE UNA LISTA NEGRA CON LOS MEDIOS MÁS CRÍTICOS 

El pasado 1 de junio se cumplieron seis años desde que Pedro Sánchez es líder del Ejecutivo. Desde entonces, su mandato ha estado marcado por la cuestionable gestión de los medios de comunicación públicos, así como por sus “castigos” a los más críticos

Pedro Sánchez lleva seis años al frente del Gobierno. Un tiempo por el que su relación con los medios de comunicación ha vivido diferentes etapas. Pese a ello, desde que inició su mandato desde Moncloa han mirado con mucho celo lo que se publica sobre el Ejecutivo, especialmente en los medios que tradicionalmente se encuentran más alejados de las políticas progresistas.

Para estos medios -de línea editorial conservadora- Pedro Sánchez ha tenido siempre una actitud poco amistosa, que contrasta con la predisposición que ha profesado para con los medios más afines a su gestión, como los del grupo Prisa, la corporación RTVE -controlada por los dictados de Moncloa- o la Agencia EFE, donde colocó a Miguel Ángel Oliver como presidente después de que hubiera ejercido como Secretario de Estado de Comunicación.

Un puesto que ahora ejerce Francesc Vallès, principal artífice de que desde algunos medios de comunicación miren con recelo la política de comunicación que impulsa Moncloa. Su labor ha sido muy cuestionada, especialmente por cabeceras como ABC, El Mundo o El Español tras dejar en tierra a sus periodistas en algunos viajes internacionales de presidencia.

RTVE, su principal aliado televisivo

Existe un denominador común entre todos los presidentes del gobierno de la democracia: su obsesión por controlar los medios de comunicación públicos. Aunque en los últimos años esta acusación ha recaído en Pedro Sánchez, otros antes que él quisieron controlarlos.

Especialmente flagrante es el caso de Radio Televisión Española, cuya gestión ha estado sometida a las conveniencias de Moncloa a lo largo de los últimos seis años. El mandato de José Manuel Pérez Tornero -candidato a la presidencia del ente por consenso- fue tan sólo un espejismo en la larga lista de vergüenzas que se acumulan en su historia.

Un buen ejemplo de ello es lo que ha ocurrido recientemente. El Tribunal Supremo ha avalado los poderes ejecutivos que el Gobierno concedió a Elena Sánchez cuando esta ejercía como presidenta interina y que, pese a ello, le permitieron tomar decisiones importantes en la corporación. Una cuestión de la que ahora se beneficia la ex militante socialista Concepción Cascajosa, actual presidenta interina de RTVE tras relevar a Elena Sánchez.

Desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, la información relativa a Moncloa es tratada con especial cautela en la radio televisión pública. Algo que no sería posible si no hubieran tenido de su parte a 4 de los 10 consejeros que componían la mesa del órgano de gestión del ente antes de las salidas de José Manuel Pérez Tornero, primero, y de Elena Sánchez, después.

Prisa, el gran satélite mediático

Al margen de los medios públicos, Moncloa cuenta con la ayuda y el apoyo inestimable de Prisa, su gran satélite mediático. El País y la Cadena SER son sus dos principales aliados cuando se trata de “vender” a la opinión pública las políticas del gobierno de coalición.

La línea editorial del grupo de comunicación -siempre cercana al PSOE– ha sido clave a lo largo de estos seis años, donde Pedro Sánchez ha tenido que tragarse sus palabras en más de una ocasión para sostener un Ejecutivo cuya continuidad ha estado en el alambre en no pocas ocasiones.

La estrecha relación que une a socialistas con Prisa le han costado al grupo una oleada de críticas negativas, pues en muchas ocasiones se le ha afeado su laxitud con un Gobierno que no dispensa un mismo trato a todos los medios de comunicación, especialmente en lo que respecta al reparto publicitario.

De hecho, recientemente se ha sabido que Moncloa está maniobrando para rediseñar los criterios que se emplean a la hora de repartir los contratos por publicidad institucional, introduciendo criterios abstractos que, en última instancia, podrían beneficiar a los medios más próximos a sus políticas , perjudicando al mismo tiempo a la prensa crítica.

Seguiremos Informando…

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