Muchas cosas han pasado en Mediaset desde que Paolo Vasile cerró la puerta de su despacho en Fuencarral. En apenas tres años, Telecinco ha perdido la corona de la televisión, pasando no ya a un segundo plano, si no al tercero.
En un primer momento, y con la llegada de Borja Prado como CEO, la televisión de Fuencarral vendió que sería una cadena “blanca y familiar”; momento que coincidió con la cancelación de Sálvame y una notable caída de audiencias transversal a todas las franjas del día.
Pese a ello, Telecinco siguió “vagando por el desierto” y viendo que alejarse del modelo anterior no le ha dado frutos, poco a poco parece estar volviendo a lo que siempre fue: la cadena de los realities y la prensa rosa.
Así lo demuestra su clara apuesta por La isla de las tentaciones esta edición después de comprobar cómo la audiencia responde muy favorablemente. De ahí que ahora la hoja de ruta sea explotar al máximo la esencia “telecinquera”, dando cabida a rostros famosos y explotar las tramas que estos generen en programas como Supervivientes.
Una estrategia a largo plazo
El principal responsable de estos cambios en la programación de Telecinco es el director de Contenidos, Alberto Carullo. En poco más de un mes desde su nombramiento ya ha tomado decisiones importantes, especialmente en lo que respecta a la programación de la principal cadena de Mediaset.
Aún es pronto para medir los resultados, pero Carullo parece tener una estrategia definida: construir una parrilla atractiva y recuperar el interés de la audiencia. En Telecinco saben que el proceso no será inmediato. La paciencia será clave, como señaló Francisco Moreno al asumir la dirección de Informativos del grupo.
Sin embargo, la apuesta está en marcha, y la primera gran decisión de la nueva gestión es una declaración de intenciones: apostar por lo que funciona. Y de momento, lo que funciona es volver al pasado y ser la Telecinco de siempre.
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